Está claro: el negocio es el negocio y si entrega dólares a los productores, bienvenidas las sagas cinematográficas. Apuestas casi seguras entre los espectadores jóvenes que esperan hasta un año la continuación de un nuevo capítulo de su película regalona, estas continuaciones a veces son tan burdas o innecesarias que queda la sensación de estafa en el ambiente. Dicho de otro modo, son pocos los casos en que se justifica plenamente una película que se alarga ad infinitum, tal vez los casos más interesantes sean el de ‘La Guerra de las Galaxias’ o la entretenida aventura que duró once años con Harry Potter o las más recientes con “Los Juegos del Hambre”.

Son, por tanto, películas taquilleras porque venden entradas, dejando constancia de que el negocio (y toda la maquinaria publicitaria que la acompaña) es rentable, cómo no si instalan la “necesidad” hasta un año antes. Pero estas sagas no siempre van acompañadas por una buena crítica. O no justifica plenamente su necesidad. He aquí lo que sucede con la serie ‘Divergente’, cuyo capítulo tercero acaba de aparecer y demuestra que hay un cierto agotamiento en las fórmulas que la sustentan, porque las adaptaciones cinematográficas de las novelas de Verónica Roth han ido de más a menos, empeorando una idea original que, si bien no era notable en su génesis, al menos resultaba entretenida.

De este modo, con la llegada de “Leal”, la tercera entrega (primera parte de la adaptación del último libro de la saga), se evidencia un cansancio y una pereza a todo nivel: pobre como espectáculo visual, efectos visuales y sonoros ya conocido antes y un equipo de actores que parecen trabajar con piloto automático.

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La serie “Divergente: Leal‘ retoma los acontecimientos sucedidos en ‘Insurgente’ (el capítulo anterior) y los personajes, Tris y Cuatro, junto a sus compañeros, seguirán luchando en la distópica sociedad estadounidense que plantea la serie, centrada en Chicago, yendo ahora más allá porque traspasan los muros y se enfrentan a nuevos peligros y conflictos.

Tal vez el gran problema de este nuevo capítulo de la saga sea que se trata de un episodio repetitivo, que sigue en una sola tecla una historia que se debilitó hace rato, perdiendo la capacidad de sorprender y que no entrega ni un ápice de lo que debe ser una mirada al tema de la distopía: aquí falta una reflexión acerca del poder y la opresión que un Hermano Mayor provoca, no existe ese clima de claustrofobia o desorientación moral tan propios del estilo distópico, ése que imagina que el futuro será cualquier cosa menos un paraíso.

“Leal” puede encantar a los adolescentes despistados que han visto poco cine y desconocen, por ejemplo, piezas clave de la verdadera distopía -¡qué falta hace un reestreno de “Brazil” o una revisión de “Fahrenheit 451”!- y que alucinan con efectos ya vistos y no se percatan de que se trata de otro filme de acción y de ciencia ficción liviana, plagada de grandes ideas que en verdad son clichés muy burdos.

Este filme cumple la receta de ser la típica saga de aventuras, menor que “Los Juegos del Hambre” que, si bien no era una gran serie sí era más entretenida.

Aunque ‘Leal’ intenta recuperar el ritmo y la fuerza de manera continua, ya no hay identificación de los espectadores con los intérpretes y quizás lo único rescatable sea la incorporación de un nuevo villano de clase (el actor Jeff Daniels) que, al menos, tiene la elegancia suficiente como para enfrentarse a la protagonista. Este deseo de repetir y estirar películas cuyo único mérito es que están adaptadas de libros dirigidos para los adolescentes, ya muestra signos de un franco agotamiento que es grave: hace rato que la industria está dando señales de estancamiento y películas como “Leal” no contribuyen para nada en revertir esta situación.