El maestro del dinero… una mezcla de poder, codicia y corrupción

US director Jodie Foster (L), US actress Julia Roberts (C) and US actor George Clooney pose on May 12, 2016 before leaving the Festival Palace after the screening of the film "Money Monster" at the 69th Cannes Film Festival in Cannes, southern France. / AFP / ALBERTO PIZZOLI FRANCE-CANNES-FILM-FESTIVAL-ENTERTAINMENT

US director Jodie Foster (L), US actress Julia Roberts (C) and US actor George Clooney pose on May 12, 2016 before leaving the Festival Palace after the screening of the film "Money Monster" at the 69th Cannes Film Festival in Cannes, southern France. / AFP / ALBERTO PIZZOLI FRANCE-CANNES-FILM-FESTIVAL-ENTERTAINMENT

Poder, codicia y corrupción en un thriller que bordea la plena calidad, que trata de ser una denuncia feroz sobre el capitalismo y los medios masivos de comunicación y que no siempre lo logra, aun cuando tiene espléndida puesta en escena y momentos memorables.

Dirigido por la actriz Jodie Foster y con la participación de los taquilleros Julia Roberts y George Clooney, la película trata de ser un alegato mordaz contra el capitalismo extremo, este filme entretiene y seduce, aun cuando no alcanza el nivel de maestría que el tema proponía, sobre todo teniendo como realizadora a una de las más precoces e inteligentes actrices que ha dado Hollywood, la inolvidable protagonista de ‘El silencio de los inocentes’.

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Partamos por la directora, Jodie Foster. Una actriz destacada y disciplinada que, desde su debut en el cine hasta sus performances clásicas, ha sabido demostrar que es una mujer con talento, inteligencia y sentido del espectáculo.

Es, sin ninguna duda, una de las actrices más destacadas de Hollywood. Y aunque la mayoría de los espectadores la asocian a sus películas clave como ‘Taxi Driver’ o ‘El silencio de los inocentes’, debe rescatarse también su inicio como directora con la muy interesante ‘Mentes que brillan’ (1991).

Desde esa fecha, Jodie Foster ha compartido su labor como actriz con la de realizadora de filmes donde lo que más destaca como temas esenciales son las relaciones familiares, la búsqueda del sentido de la vida y la manera de conectar con una sociedad que excluye. Lo suyo, su estilo, son historias íntimas, hogareñas y donde trata siempre de capturar la esencia de comportamientos como “Feriados en familia” (1995) o “La doble vida de Walter” (2011).

Es por esto que llama la atención que haya dado un viraje fuerte hacia un cine de denuncia social y política, con esquema de thriller como “El maestro del dinero” (Money Monster, 2016).

Y tal vez este vuelco hacia un estilo que no ha cultivado antes, haga que la película -aun siendo interesante y con momentos más que impactantes- tienda a decaer en su tramo final porque se anticipa mucho de lo que veremos en pantalla.

El comienzo de este filme está muy logrado: el comentarista de los movimientos de Wall Street, Lee Gates (George Clooney), una figura televisiva aconseja a su audiencia sobre la compra de acciones. De repente, entre los técnicos del programa, aparece un misterioso sujeto (Jack O’Connell), quien en una arriesgada maniobra, se apodera del set de grabación. El objetivo de esta protesta tan extrema es simple: él ha perdido todo su dinero por un mal consejo televisivo de Gates. Lo acusa de estafador, de mentiroso. Y lo peor: dice que asesinará a Gates si no le atienden sus demandas.

Resulta inevitable  trazar un paralelo entre esta película y otras clásicas como aquéllas que filmó Sidney Lumet: “Tarde de perros” (1975) o “Network” (1976), porque no solo comparten el tema de la rabia de un sujeto contra un sistema que lo aplasta, sino que además ambas son encerronas feroces que hacen individuos al borde del colapso, exigiendo reivindicaciones.

Al igual que en las célebres películas de Lumet, Jodie Foster pone como telón de fondo a los medios de comunicación social, los que entran en crisis porque por un lado se enfrentan a la noticia del año y por otro entran conflicto con la ética de los comportamientos corporativos de cómo se asumen estos hechos criminales.

Así, una directora sutil y calmada como lo era Jodie Foster, se lanza en picada a un cuestionamiento del sistema democrático norteamericano, mostrando la corrupción de las instituciones y, por supuesto, cómo trata el ciudadano promedio de lograr la ansiada justicia.

Y es justamente en esto donde el filme se tambalea. Hay mucho material importante, cierto, pero no siempre se da el tono preciso para la denuncia y en gran parte del metraje se tiende a la espectacularidad grotesca antes que a la observación profunda.

Desde luego que se hacen alusiones directas al tema de las audiencias hiperconectadas, poniendo énfasis en la morbosidad del público y en la brutal codicia de los representantes del medio que solo quieren dinero, rating y popularidad a toda costa, ideas que si bien son nobles de denunciar, no resultan muy originales, sobre todo teniendo presente que los filmes antes mencionados del director Lumet ya lo hizo. Y muy bien.

Donde “El maestro del dinero” crece y resulta fascinante es en su puesta en escena, donde la directora saca el máximo de provecho a los sets, a la artificialidad de la televisión y al modo frío y despiadado con que se manejan las finanzas. Es en estas secuencias (de gran impacto emocional) donde Jodie Foster revela su pulso como realizadora, trabajando con audacia los planos y combinando las acciones del protagonista con la tensión en la cabina de producción liderada por Patty Fenn (Julia Roberts).

Y curiosamente, pierde el control cuando se produce el secuestro en vivo del animador que interpreta George Clooney. Ahí se echa de menos la capacidad que antes demostró Jodie Foster para trabajar con los sentimientos, con las relaciones humanas. Esta parte se torna demasiado paródica y le resta fuerza a una estructura que era fascinante en su planteamiento inicial.

En síntesis, “El maestro del dinero” tiene fuerza e interés cuando se encierra en el set, cuando revela la codicia y el nerviosismo de quienes están a cargo de ese show televisivo. Decae cuando intenta denunciar el capitalismo a nivel global y naufraga Clooney, con un papel que se intuye demasiado acomodado a su estatus de estrella. Con todos estos baches, la película se deja ver con interés y luce en una cartelera casi siempre atiborrada de superhéroes y comedias de ínfima categoría.