El Conjuro 2

Una secuela que no defraudará a los seguidores del terror. Con elegante estilo visual, el director James Wan saca buen provecho de los lugares comunes de un género que sobrevive a pesar de todos los cambios y las modas y que demuestra que existe una gran cantidad de espectadores siempre dispuestos a pagar una entrada por el exquisito placer culpable de ser asustados.

CONJURO

A pesar de las desconfianzas naturales que producen las secuelas, sobre todo en el denominado cine comercial, hay excepciones honrosas. Como ésta, que sin ser del todo una maravilla, se deja ver como un filme que cumple cabalmente con todo lo que promete: posesiones demoníacas, efectos especiales y maquillajes adecuados, con una clara referencia a un título clásico, ‘El exorcista’ (1974), de William Friedkin.

El director James Wan ha sabido dosificar el efectismo, manejar con más pulso su historia y presentar un envase elegante en lo visual que se agradece, siguiendo un nuevo caso de esta pareja de investigadores, los Warren, que se dedican a tratar de desentrañar los casos más espeluznantes acaecidos en el mundo.

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Hay que reconocer que Wan, al plantear esta secuela, lo hace de modo tal que es fiel a su estilo de provocar sustos en la platea de una manera más sutil, menos evidente y por lo mismo, más creativa, hecho que se agradece desde el comienzo.

Es probable que, en estricto rigor, esta película no aporte nada nuevo al género de terror o que las secuencias de efectos visuales de la posesión no sean extraordinariamente novedosos, cierto, pero no se puede desconocer que el conjunto se agradece de verdad y aporta un plus a la trayectoria de este director que ha sabido mantenerse fiel a sus recetas de sustos y espantos.

Lo inteligente de su historia es que mantiene un clima de constante desconcierto, apoyado esto con una banda sonora adecuada, menos estridente que en otras ocasiones y con un empleo de la luz que contribuye de manera directa a crear esta sensación de agobio.

Se le puede criticar que carezca de la simplicidad que tuvo la primera entrega, pero ‘El Conjuro 2′ es, de todas maneras, una eficiente película en su género que además hace gala de un final basado muy inteligente, apoyado en la forma en que los espectadores se han identificado con los personajes principales del filme que están muy bien delineados en sus motivaciones.

A estas alturas debemos reconocer que el realizador James Wan posee la capacidad de entender perfectamente los mecanismos más básicos del terror en la pantalla grande, sabe qué busca el espectador común y le saca partida a elementos que –aunque no sean nuevos- son bien integrados en su relato.

De esta manera, ‘El Conjuro 2’, con su típico caso de una niña pequeña aparentemente poseída por un demonio, es una más que recomendable oportunidad de ver una buena secuela, de entretenerse sin ningún complejo con una historia que está bien armada, sobre todo porque es un filme inteligente, que sabe asustar, aunque no alcance los niveles de los grandes clásicos del cine de terror como el ya mencionado ‘El exorcista’, ‘La profecía’ o la modélica ‘El bebé de Rosemary’, cumbres de un género que resiste las modas y sigue concertando espectadores que están dispuestos a pagar una entrada por el placer culpable de querer ser asustados.