Lo nuevo de Juan Rudolffi: Eyaculación y Desolación en el GAM

Había una misteriosa salida en la esquina de las goteras, unas enormes placas de cobre despistando el gris, ese gris que pareciera no moverse, pero se mueve amigos míos, permítanme contarles esta historia…

GAM.

La tipa era pálida, tenía una palidez profunda, desalmada a simple vista, pero si me hubiese dado el tiempo, o más bien robado el tiempo de examinar cada uno de los segundos en su rostro, las cosas hubiesen sido distinta, porque de algún modo era allí donde se escondían sus misterios, era allí donde estaban los secretos más profundos, inimaginables a la conciencia, memoria de nosotros, grupo de observadores y casi nada más.

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Pero ella era algo más que una observadora, se notaba en sus largas piernas que recorrían cansada, con una expresión tediosa en el corazón, es que podrían no haber piernas tan fuertes que soporten el peso del misterio, pero ella podría hasta incluso tener un peso menos, porque ha tenido la oportunidad de dejar su alma en la casa y salir con su humanidad, casi en silencio, casi apagada, pero nunca tan en silencio, nunca tan apagada, porque de algún modo miro los altos muros y observó y encontró la fealdad en ellos, es entonces cuando da vuelta su cara y dice: “ese estúpido trozo de Cobre” (refiriéndose al Cobre del cual está forrado el museo Gabriela Mistral), y así de esa manera ha desafiado la belleza arquitectónica, “podría ser que las construcciones modernas carecen de misterio”, ¿Acaso te interesa un misterio nuevo?. ¿Y la pena?, no existe pena.

Ha decidido INGRESAR, porque puede ser como la tierra, este museo, y tener la temperatura adecuada adentro, adecuada para incinerar a cualquiera menos a esta muchacha, que observa, que se fastidia que odia, y el guardia la mira, tal vez pensando en ese frío que no se pasa, o pensando en por qué se ha detenido casi frente a él y no a dicho nada, no ha preguntado, tampoco ha subido la vista, ha mirado simplemente sus zapatos, y es entonces el primer quejido y se escucha tan fuertemente que los corazones se contraen casi al segundo del infarto, pero luego se detiene, y pareciera que a ella no le ha importado.

¿Y acaso espera algo está condenada figura terrible?, ¿espera algo esta composición hermosa?, no… no espera nada. Solo ha salido de su casa muy temprano y ha decidido tomar una micro, bajando por el esqueleto triste de Santiago, y tan de mañana que los vagabundos no han notado su llegada, ha pasado tan silenciosa que nadie escuchó nada, ni siquiera cuando ha pisado una rama, llena de ese chicle derretido, de ese corazón pobre en náuseas, condenado a mi recuerdo, ni siquiera yo  pude notar su presencia, pero ella entró y pasó por los pabellones y subió las escaleras brillantes, de la elegancia más noble, del café más triste, y podría haber caído como aquel tipo de sombrero,  ya sabes el maestro de ese curso que paso frente a ella, que como ratoncitos entraron a ver la fotografía. A esta tipa no le importó.

¿un nuevo quejido?, ¿algo está sonando?, claro que suena y suena fuerte y espantosamente violento y gris, ¿será el museo que se ha cansado de la visita?, ¿Qué se ha cansado de las caminatas de este cuerpito noble?,  pasan minutos y el sonido no decae, es más pareciera que va en aumento, y es lineal y extenso como el sonido de los generadores, la muchacha cae cansada a unos de los enormes sillones, cae cansada y se deja espantar por el sonido, pero de algún modo el miedo solo está muy dentro, en el fondo entiende por qué entro a el GAM, entiende todo, la tierra pareciera estar moviéndose, pero que digo, se mueve realmente, y ahora es feroz, y esta blanca figura aprieta sus manos al sillón, tan duramente y espantada, y veo lo peor entrando desde las puertas, son aquellas columnas con el Cobre, y entran de a poco agrietando al paso todo el lugar y el sonido ya es demasiado, pero esta muchacha está resignada a lo que venga, al fin es apresada por aquel cemento y metal, quien le abraza al momento en que ella abre sus hermosos ojos húmedos y observa… pero no hay una forma humana, de igual modo a empezado a lamer la construcción que se ha dejado querer, y tan cariñosamente terminan en un suspiro, recostados en el mundo, ferozmente humedecidos y no fueron necesaria las cámaras, no, no fueron necesaria las canciones, esta chica mira tristemente como todo empieza a tomar forma, sube sus pantalones, acomoda sus sostenes, toca levemente su pelo tratando de arreglar lo que ya no se puede arreglar…

Pero es linda y es rara y tal vez está condenada a ese abuso, que ha quedado marcado por el tiempo. sale y camina, cruza por la calle Portugal y de fondo el enorme GAM, que tiene que evadir la vista porque no aguanta la nostalgia de aquella despedida, que aún intachable como se le ve, con esa armadura de Cobre y todo, a mojado la brisa de la calle con sus lágrimas, ¡no lo justifiques con la lluvia!, de algún modo aquella eyaculación invocó la nostalgia, y las grises persianas y los vidrios y su compleja tristeza arman el camino para ver si algún día vuelve, ella, que la quiere tanto, que la recuerda, que la ama incondicionalmente, con todo su cuerpo, con todo su Cobre, y le brinda sus vidrios para que marque sus venas, porque sabe que ese dolor no mata, porque sabe tanto de torturas y la extraña,  es por eso que lo han creado con sangre, con semen y lágrimas, con la razón, con la muerte, con la incomprensión, con una historia y con un país… “adiós muchacha…” ella no responde.

– DESOLACION. –

JUAN PABLO RUDOLFFI UGARTE