Sudamericano Sub-20: Excusas para una vergonzosa derrota

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Ayer por la noche quedó decidida la suerte de la selección de fútbol sub-20 en el sudamericano que se realiza en Uruguay y que sirve como selectivo para acudir al Mundial de Nueva Zelanda 2015. La contundente caída ante el representativo local (6-1), sumada a las derrotas contra Brasil y Colombia, dejó sin opciones a los nacionales y de paso quedaron al descubierto elocuentes faltas de planificación en lo que a fútbol formativo se refiere.

Históricamente, los chilenos no hemos destacado en estas competencias y, salvo aquella recordada sub-17 del mundial de Japón o la sub-20 de Canadá (pese a que ninguna de las dos gano nada), no hay mucho más que merezca ser destacado. Muy poco para un país que pretende hacer del fútbol su deporte estelar y otro fracaso rotundo para quienes han venido dirigiendo los destinos de la selección y sus diferentes categorías.

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Sucede que una vez más han aflorado nuestras evidentes deficiencias formativas. Esta selección mostró un nivel muy bajo y eso es culpa de todos los involucrados en la formación de nuestros jugadores. De paso perdimos la maravillosa oportunidad de competir en la Olimpiada venidera que es el mayor evento al que puede aspirar un deportista. Excusas sobran: que los chilenos maduran más tarde, que la diferencia física es insoslayable, que no hay jugadores de la edad jugando frecuentemente en primera división, que el torneo de menores no tiene la competitividad necesaria, etc. Finalmente todas ellas son hipótesis ad hoc para justificar la falta de interés, la nula dedicación a los menores y la ausencia de un proyecto serio, tanto a nivel de clubes como a nivel de selección, que prepare adecuadamente a los jugadores jóvenes y los provea de las herramientas necesarias para la alta competencia.

Errores hay muchos. En el proceso, esta selección enfrentó la salida de dos entrenadores (Claudio Vivas y Mario Salas) para finalmente ser tomada por Hugo Tocalli quien, pese a haber salido campeón mundial de la categoría con Argentina en 2007, venía a Chile a asumir otra función y únicamente la necesidad lo ha situado finalmente en la dirección técnica. Una clara señal de que las cosas no han sido bien diseñadas desde el comienzo, además de una falta de respeto incuestionable a los entrenadores y a los propios jugadores. No puede haber un equipo si no hay detrás una idea creíble a la que asirse pues los continuos cambios solo generan incertidumbre y fastidio.

Las selecciones menores deben seguir la misma línea del seleccionado mayor. De esa forma se van estructurando los estilos y se va avanzando en la tarea futura. No puede jugarse a lo que cada quien quiera cuando se busca una identidad y la representación de una idea escogida. Al igual que en los clubes, los entrenamientos y los esquemas de las selecciones deben estar orientados a conseguir que los jóvenes asimilen los sistemas de entrenamiento y juego. De esta manera se va fortaleciendo la propuesta y el método. Se generan especialistas y se brinda confianza y soporte a los jugadores. Sería un error garrafal creer que un entrenador nacional en cualquiera de sus categorías puede determinarlo todo. Las selecciones deben tener un proyecto mayor al cual se brinden y subordinen los entrenadores escogidos. Una idea basada en el respeto al estilo y a los valores que como país se quieren representar. Escoger a los conductores idóneos es responsabilidad de la administración en turno de la Federación de Chile o de la Dirección Técnica Nacional. En este caso es evidente que ambos estamentos han fallado.

Y en este tema hay que ser cuidadosos, porque ser formador no es lo mismo que ser entrenador de un equipo profesional. En el área formativa se trabaja con niños y jóvenes que todavía están aprendiendo, que no han madurado física ni psicológicamente. Eso es ya una responsabilidad enorme y requiere de una vocación ineludible. No se puede ser formador si la mayor ambición es llegar a dirigir en primera. No se puede ser formador si se mira la labor como un paso inicial para otra cosa. Enseñar a este nivel requiere de convicción y una dedicación profunda. Requiere disfrutar el aprendizaje y la docencia por sobre los resultados y logros específicos. El amor por la tarea es en este caso más fundamental que nunca y debe ir acompañado de una metodología estricta que permita desarrollar capacidades y monitorear los avances. Cualquier otra cosa es tiempo perdido y demagogia.

Ojalá aprendamos la lección que esta dura derrota nos deja y atendamos la raíz del asunto, que no se laven las manos los responsables y que las exigencias se encaminen a desarrollar capacidades formativas sólidas y eficaces para nuestros futbolistas.