Bachelet y el Nuevo Relato

Desde la derrota política y electoral de la Concertación en las últimas presidenciales las condiciones para el término de la alianza de centro-izquierda aumentaron de manera considerable; no sólo se trataba de un proceso de fragmentación, de crisis de liderazgos, de agotamiento, expectativas y de proyectos, sino también de una baja electoral muy significativa.

Sin embargo, lentamente se fue produciendo un ordenamiento que la ha mantenido en una “frágil unidad”. Hay dos hechos que generan las condiciones para frenar la “crisis terminal”: la posibilidad cada vez más real de volver a La Moneda y la lógica binominal que los obliga a mantener mínimos niveles de unidad.

Dadas las condiciones de la coyuntura actual un futuro gobierno de la Concertación es imposible y potencialmente caótico si por un lado sigue quebrada en su interior en términos políticos, y por otro no hay acuerdo con las otras oposiciones –la política y la social-.

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¿Cómo ordenar estas tensiones, avanzar hacia la unidad y La Moneda? Evidentemente, tomando decisiones, “sincerando posiciones” y disposiciones. La carta de Bachelet a la Junta de la DC no sólo es el hecho político más importante del evento partidario de la Falange, sino también el hecho político más relevante del último tiempo. ¿Porqué?

En primer lugar, la misiva hay que leerla en clave presidencial. En esa dirección la ex mandataria dice –en un nivel de connotación- que a) va ser candidata, b) que el eje de gobierno será la igualdad y c) que la Dc es y debe ser parte de ese proyecto.

En segundo lugar, este hecho político va terminar ordenando el panorama político para el gobierno y oposición. Por el lado del oficialismo este hecho genera condiciones para apurar su agenda presidencial –mecanismo, programa y “distancia amigable” con el ejecutivo”- y para la Concertación se producirá un ordenamiento político y programático.

La carta de Bachelet se convierte, de ese modo, en la base de un nuevo relato.

¿Las bases del nuevo relato? El eje programático de la potencial segunda administración Bachelet tiene como elemento articulador la igualdad y el fortalecimiento de un Estado Protector.

La carta comienza con un diagnóstico. En ella, se lee que “las manifestaciones, el descontento y la creciente demanda ciudadana, son la expresión de justos reclamos por más equidad, democracia y ciudadanía”. La incertidumbre que esta situación genera debe ser resuelta por medio de la igualdad social, económica y política.

La igualdad económica se funda en una “verdadera reforma tributaria para ampliar las oportunidades de todos… y consolidar un sistema de protección social que responda a las necesidades de nuestra gente”. Esta Reforma “deberá contribuir a fortalecer la educación pública en todos sus niveles, aumentar la inversión en salud y mejorar las condiciones del empleo especialmente para mujeres y jóvenes”.

La igualdad Política. Los cambios políticos requieren “máxima urgencia”. La agenda política que funda el nuevo relato es el cambio del binominal, una ley de partidos políticos, el voto de los chilenos en el exterior, la elección democrática de los gobierno regionales, la ley de primarias, la promoción de nuevos liderazgos y la ley de cuotas.

La igualdad social. Se refiere básicamente a generar las condiciones para una sociedad tolerante, dialogante e inclusiva. De hecho, hay que avanzar en el plano social hacia la igualdad de género y generacional. En base a estos ejes del nuevo relato se invita a la DC a participar de este esfuerzo progresista.

Para esto, Bachelet los interpela de dos maneras. Como amigos y como progresistas y humanistas. En efecto, al empezar la misiva afirma que a la DC “me unen fuertes lazos de amistad, de trabajo conjunto, de esperanzas, sueños compartidos y de tareas realizadas…y que aún desde la distancia… se mantienen vigentes y fortalecidos”. Y al finalizar la carta, afirma que la DC “ha sido una fuerza política fundamental para la representación amplia de un mundo progresista, abierto, tolerante y comprometido con los valores del humanismo”. La invitación está hecha.

En esa dirección resulta interesante constatar el punto cuatro del voto político de la última Junta Nacional. Se afirma que “el PDC para el próximo tiempo está marcada por una agenda social contra la desigualdad y el abuso, un nuevo pacto fiscal y un nuevo pacto constitucional. Estamos respondiendo a la interpelación de que hemos sido objeto por la sociedad chilena en el último tiempo”.

La carta de Bachelet es, sin duda, una hoja de ruta que tiene como misión ordenar política y programáticamente a la oposición –principalmente, a la Concertación- y sentar las bases de un nuevo proyecto país. No obstante, las ideas fuerza deben materializarse con acciones concretas que hagan posible y motiven el desplieguen de las voluntades.

Una pregunta final, ¿qué rol juega Escalona en este nuevo relato? Para responder esa pregunta, lo primero a constar es la transición que el Senador ha tenido desde que dejo la dirección –formal- del partido hasta su llegada a la presidencia del Senado. En ese lapso paso de ser un hombre de partido a un hombre de Estado. Y como tal, ha generado las condiciones para convertirse en un hombre de gobierno. De hecho, al seguir sus escritos del último año la sintonía con la ex mandataria es fina y profunda.

Mientras tanto, el oficialismo en este segundo tiempo ha recibido un gol de contragolpe. Un golazo. Nuevamente, la pelota está en la mitad de la cancha.

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