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Miércoles 24 de Abril del 2024 18:37

La Crisis del PS y el binominal

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En los últimos días ha vuelto a emerger en el debate nacional la crisis interna del Partido Socialista. La posible salida del Diputado Díaz y las fuertes críticas que recibe a diario la mesa por el estilo de conducción que se impone dan cuenta de un escenario interno de alta conflictividad. Los principales focos que generan la crisis socialista son: el tipo de conducción “filo autoritaria”, la política de alianzas, las facciones internas, la tensión generacional y la falta de proyecto país. Y aún más, con la posibilidad cada día más concreta de volver a La Moneda con un militante de sus filas. La necesidad de cuidar el patrimonio Bachelet ha terminado por debilitar el debate, la democracia interna y prolongar una política de alianzas agotada.

En el frente externo también hay una crisis. Y ella tiene que ver con que el PS es un partido estancado electoralmente. El socialismo chileno no crece; no seduce; no convoca. Ni siquiera haber tenido dos presidentes de sus filas ha logrado que los ciudadanos se encanten o re-encanten con sus propuestas, acciones, proyectos, militantes, postulantes y/o representantes. ¿Qué le ofrece el PS hoy a Chile?, ¿qué diferencia al PS de las otras fuerzas políticas?, ¿qué acerca al PS a otros partidos y movimientos sociales?

Mientras por un lado se acercan al centro y se aíslan de su lugar histórico –la izquierda-, sus militantes se van y vuelven a su origen –Navarro, Arrate, los Ominami, Aguiló y eventualmente Marcelo Díaz-. Mientras más se aferran al poder institucional del Estado, más se alejan del poder social y ciudadano. Mientras más se acercan a La Moneda, más se alejan de su historia. Mientras más piensan en el poder “por el poder”, más se distancian del proyecto país y su gente.

La crisis es doble; interna y externa. Ambas se yuxtaponen y condicionan. Al final, un círculo vicioso que genera debilidad electoral y distancia ciudadana. Seamos claros; en esto nada tiene que ver el Binominal. De hecho, en términos generales el PS no gana ni pierde con la “lógica binominal”. Por tanto, sólo podría responsabilizarse al “mayoritario” por dos razones; por impedir que el partido pueda competir en una cantidad mayor de distritos y circunscripciones y por someterlo a una política de alianzas que lo aleja de su raíz histórica y fundacional. Sin embargo, en ninguno de los dos casos podría haber expansión y penetración socialista si no se gana la batalla de los votos. Y para ello, hay que sintonizar con los ciudadanos y con el estado emocional y político de la Opinión Pública.

Al revisar las cifras del partido en el largo plazo vemos que en términos electorales es un partido estancado en torno al 10%-11% de las preferencias a nivel de los Diputados. En término senatoriales su votación promedio llega al 12,7%.

En el ’93 sus votos en la Cámara baja llegan al 11,9%; en el ’97 al 11%, en el 2001 y en el 2005 al 10% y en el 2009 al 9,9%. Electoralmente es un partido estancado. Su representación llega en cada una de esas elecciones respectivamente a 15, 11, 10, 15 y 11 Diputados. A nivel senatorial sus votos llegan en esas mismas elecciones al 12,7%, 14,6%, 14,7%, 12,1% y 9,3% respectivamente. En términos electorales es un partido que va a la baja; sobre todo, en las regiones impares. Con esa votación sus Senadores electos son respectivamente 3, 1, 4, 4 y dos.

El subsidio binominal del PS en los Diputados llega también respectivamente a 1, -2, -2, 3 y uno; es decir, en dos elecciones perdió (’97 y 2001) y en tres obtuvo beneficios (’93, 2005 y 2009). En el largo plazo tuvo un Diputado menos del que debería haber logrado en la lógica proporcional. Los hechos cambian drásticamente cuando analizamos lo que ocurre con el binominal al interior del pacto. En esa dirección, la pérdida de representación para los socialistas sube a siete. En el ’93 no hay ganancias ni pérdidas; es decir, sus votos expresados en escaños bajo la lógica binominal son “casi” los mismos que en un proporcional puro. En el ’97, tiene una pérdida de 4 diputados (momento en que la DC tiene un subsidio de 10), en el 2001 tiene tres Diputados menos; en el 2005 logra –por primera vez- subsidio binominal al ganar dos escaños más. Finalmente, en el 2009 vuelve a tener daño binominal al dejar de tener dos asientos.

En el Senado el binominal ha favorecido de manera leve al partido. De hecho, en el largo plazo tiene un subsidio de dos senadores en el contexto del sistema de partidos y de dos al interior del pacto. Para el primer caso, el subsidio fue en el ’93, ’97, 2001, 2005 y 2009 de 1, -2, 1, 2 y 0 respectivamente. A su vez, los subsidios al interior del pacto se dieron de la misma manera para cada una de las elecciones.

En síntesis vemos que el PS en los Diputados es un partido que en términos generales no se ha beneficiado de la lógica binominal. A nivel senatorial ocurre lo contrario. Del mismo modo, vemos que en la Cámara baja es un partido estancado. A su vez, en el Senado su votación va a la baja en una medida no menor. Crisis electoral total.

Al comparar estas cifras con las elecciones de Marzo de 1973 vemos una baja electoral significativa. De hecho, en tal elección a nivel de los Diputados se llegó al 18,3% y en el Senado al 20%. Pueden existir muchas razones para explicar este hecho. Sin embargo, los datos muestran que se perdió votación y que hoy el partido está estancado con muy pocas posibilidades de creer y re-posicionarse.

Vemos que entre el ’93 y el 2009 hay una pérdida de 150 mil votos en los Diputados y de 65 mil en los Senadores. Es más, ¿en qué ciudad importante hay Alcalde PS? Ya estoy escuchando al Diputado Andrade afirmar que han tenido dos Presidentes, que van a tener otro, que presiden el Senado y que mandan en la Concertación.  Los datos son contundentes.

La crisis interna se ha traslado al plano externo. A su vez, el estancamiento electoral –en el marco de una insinuante tendencia a la baja- ha profundizado las tensiones internas. ¿Cómo salir de esta espiral?

Si Chile reclama y se moviliza por menos Neo-liberalismo y se quiere construir el relato de la “igualdad” no sólo se necesita un PS unido y con proyecto país, sino también una izquierda no fragmentada ni confusa. Si se quieren cambios en perspectiva inclusiva para Chile, se requiere en primer lugar, ganar la batalla de los votos. Y los votos están en la calle y no en los pasillos del Palacio. El socialismo chileno debe volver a seducir a los chilenos no desde el carisma de un liderazgo; sino desde las ideas, de los proyectos y de una práctica política “con” y “para” la gente.

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