Una Asamblea Constituyente ayudaría a superar la actual crisis

Para el destacado abogado Roberto Garretón y el presidente de las Asociación de ONGs Acción, Martín Pascual, la desigualdad y la pérdida de derechos fundamentales han detonado en el país una crisis de representatividad que según los especialistas es hora de solucionar.

Por Cristián Pacheco 

Los diversos llamados a plebiscito comunal en Chile y la consulta nacional por la educación en que más de un millón y medio de chilenos se expresó, demuestran que la ciudadanía comienza a exigir mecanismos de participación directa que no dependan de la voluntad de la clase política que ha sido incapaz de asumir un liderazgo que rompa con las trabas institucionales.

Los especialistas plantean que nos encontramos inmersos en un agotamiento institucional que tiene inmovilizado al parlamento en esta estructura política  creada por la Constitución de 1980 del dictador Augusto Pinochet y ratificada el 2005 por el ex Presidente socialista Ricardo Lagos.

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Para Martín Pascual presidente de Acción e investigador del Centro de Estudios Nacionales de Desarrollo Alternativo, Cenda, la transición pactada impidió el retorno a un Estado de bienestar, por lo tanto es hora que la ciudadanía asuma el protagonismo y recupere los derechos arrebatados por la fuerza.

“Lo que nos rige es una Constitución espuria, no legítima, y por tanto que hoy te llamen a respetar el Estado de derecho o seguir los conductos institucionales nos parece que no corresponde, sabiendo que ésta es una institucionalidad que no nos representa y que fue impuesta”, señala Pascual.

Si bien, el investigador considera que el camino ideal es llamar a una Asamblea Constituyente, mientras, hay que avanzar en caminos intermedios como, por ejemplo, reformas constitucionales que transformen el sistema de quórum en el parlamento y que cambien el sistema binominal por uno proporcional. Medidas que muestren al poder legislativo jugando un rol mucho más activo y que haga viable un plebiscito hoy limitado por la Constitución.

“Si podemos llegar a plantear un proceso de constituyente y un proceso de construir una nueva constitución, creemos que debe ser sobre la base de la más amplia democracia y la más amplia representación de la ciudadanía. Esa es la única forma que nos demos la Constitución que queremos y no lleguemos a una suerte de discusión en una espacio binominal como es el parlamento hoy, que nos lleve a dejar las cosas tal cual están”.

Pascual señala que es urgente avanzar en la idea de los plebiscitos y la consulta popular, y seguir profundizando la participación abierta en espacios intermedios, regionales y comunales. Una transformación profunda que modifique la “caricatura de que los procesos constituyentes van hacia este chavismo estigmatizado”.

“Han ocurrido transformaciones importantísimas en América Latina. Uno puede estar de acuerdo o no con la forma, el método, pero los cambios profundos que se han producido han tenido de fondo cambios constitucionales muy grandes, y no sólo hablo de Bolivia, de Ecuador, de Venezuela, hablo de Colombia que tiene una Constitución reciente que se hizo bajo gobiernos de derecha y que es mucho más democrática que la Constitución chilena, por cierto una de las más retardatarias del mundo”.

En la misma línea, el abogado Roberto Garretón señaló que el 11 de marzo de 1990, el mismo día que Pinochet le entregaba la banda presidencial al ex Presidente Patricio Aylwin, los colombianos  se expresaban en la llamada “séptima papeleta” convocando a una Asamblea Constituyente. Proceso validado por la Corte Suprema de ese país y que inició la discusión que concluyó en la Constitución de 1991, a juicio del abogado, la mejor de América Latina.

Procesos similares se dieron en Brasil entre 1986 y 1988 donde parlamentarios invitaron a grupos políticos, grupos sociales, empresarios, trabajadores e intelectuales a incorporarse en los debates de una Constitución; o en Paraguay, que desarrolló su Convención Nacional Constituyente en diciembre de 1991. “Una transición de la que se sienten orgullosos los paraguayos” dice Garretón.

También en Perú, en 1978 luego de varios paros nacionales el general Francisco Morales Bermúdez se vio obligado a llamar a las elecciones de una Asamblea Constituyente que presidió Víctor Haya de la Torre y que derivó en la Constitución de 1980.

Para Garretón lo que falta en Chile, es “que en elecciones presidenciales haya algún candidato democrático que diga – cuando yo salga elegido voy a llamar a una Asamblea Constituyente como primer acto de gobierno. No vi a Aylwin, no vi a Frei, no vi a Lagos, no vi a Bachelet diciendo eso, ojala haya algún candidato democrático que se le ocurra”, agregó el abogado.

“Lo otro es que nosotros forcemos la cosa como hicieron los colombianos, vayamos a las urnas y coloquemos quiero asamblea constituyente”, propone Garretón, para quien ningún mecanismo de participación es suficiente mientras el pueblo no recupere su derecho a su libre determinación, consagrados en el artículo primero del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, y del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales.