La vivienda social, cada día menos social

El modelo neoliberal, implantado por la dictadura militar en Chile, no solo acabó con nuestra educación, salud y otros tantos servicios básicos que eran garantizados por el estado; si no que también acabó con uno de los pilares más fundamentales para el desarrollo de las familias chilenas, la vivienda.

La lógica con la que se entendía la vivienda social en Chile, al igual que las necesidades básicas, era como su nombre lo indica, con un fin social, pues se entendía que el rol del estado era ser garante de las necesidades de las personas y bajo esa línea es que los recursos de todos los chilenos y los avances tecnológicos no iban a manos de los empresarios como ocurre en la actualidad, si no que al mismo pueblo; y por esto es que podemos darnos cuenta que la vivienda social de la actualidad deja mucho que desear en relación a la de los años sesenta y setenta.

De la misma manera en que el estado pierde su rol social durante los años ochenta, la vivienda en chile también sufre el mismo cambio. Durante la dictadura las “políticas sociales” para la vivienda en Chile cambiaron a “políticas económicas”, tanto así que en la actualidad la “vivienda social” es clasificada como tal por su valor económico, generando una política que ayude a reducir costos para esta área; y no por la el rol que debe cumplir dentro de las políticas publicas, generando en lo concreto, que en la actualidad “los pobres deban vivir en casas lo mas baratas posible, pues son sociales”, incluso lo más peligroso es que este modelo de “más cantidad por menor calidad” se está copiando indiscriminadamente en países vecinos, expandiendo la mala forma de hacer políticas de vivienda por Latinoamérica.

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Es necesario reconocer que ya no existen políticas publicas para la vivienda social, si no que existe un financiamiento publico, que deja a un lado la necesidad de entender y analizar a la familia chilena de la actualidad, lo que termina en un modelo de vivienda que no es capaz de responder dignamente al pueblo que hoy lucha por una casa digna.

A cambio de esto vemos una “política” que en vez de avanzar en innovación tecnológica a beneficio de la sociedad y los mas necesitados, se queda en la tradicional forma de diseñar y construir, que no se debe a la falta de profesionales capaces de hacerlo, si no que a los intereses económicos y la complicidad que existe entre el gobierno y las empresas que se encargan en la actualidad de hacer este trabajo; además de esto no se toma en cuenta el impacto social que esta teniendo esta “política”, debido a que se esta generando una gran fragmentación social, entendiendo el mapa de nuestra ciudad como los lugares “donde viven los pobres y donde viven los ricos”.

Se entiende que existen mucho cambios que por naturaleza son a largo plazo, como un plan que evite la fragmentación social y busque formas de integración; o la creación de una política seria para la vivienda social en Chile, discutida con los pobladores; pero también existen cambios que son urgentes, como un nuevo modelo de vivienda, el cual realmente sea digno, y que entregue las comodidades que realmente necesitan las familias chilenas del siglo XXI, pues no podemos seguir aceptando que en vez de políticas sociales, se hagan políticas económicas, privilegiando la necesidad de producir más, en lugar de la calidad.

Como militante comunista, entiendo que la forma mas correcta de cambiar esta y otras tantas problemáticas es la organización social, es necesario que este año sean los trabajadores y pobladores los que de alguna manera comiencen a instalar las contradicciones de este modelo, planteando como solución de fondo una refundación de nuestra institucionalidad, cambiándola por una que tenga como principio básico la democracia y la participación de todos los ciudadanos.