Una estudiante en mis clases de Teoría Política me preguntó la semana pasada si yo pensaba que existía democracia en Chile. Un muy buen cuestionamiento para analizar los emplazamientos que tres autoridades de la región nos hicieran a tres periodistas en el transcurso de este mes: el señor Intendente Marco Díaz a la profesional de El Mercurio, Constanza Caldera, el Senador Pedro Araya al Director de Diario Antofagasta, Cristian Reyes, y el diputado Esteban Velásquez a mi persona.

La periodista Caldera reporteó sobre el círculo cercano de influencias de la primera autoridad regional, y aquí don Marco Díaz cuestionó su trabajo de rigurosidad investigativa periodística, que se cruzó posteriormente con una denuncia sobre la contratación arbitraria de su ex pareja en el Servicio de Salud. Es que las coincidencias no existen y las verdades siempre salen a la luz. El Director de Diario Antofagasta tuvo que pedir explicaciones públicas al Senador Araya por sus dichos en un medio nacional que hacía entrever una estrategia oculta de financiamiento y ponía al Periodismo en los márgenes del lobby y la contra-propaganda. Casi todos los medios presentan hoy en día una encuesta online y se analizan los resultados, esto no es algo ajeno a la fiscalización de una gobernanza inteligente del ejercicio político.

En mi caso, yo analicé los ítemes en los cuales los/as parlamentarios/as (diputados/as y senadores de la II Región) gastaban más durante el período de marzo – junio del presente año (hasta el momento del análisis, la página no mostraba períodos posteriores). Esta información está disponible en la sección transparencia del Parlamento, datos a los que cualquier ciudadano/a de a pie puede acceder. Particularmente, me llamó la atención el excesivo gasto en arriendo de oficinas parlamentarias del diputado Velásquez, especialmente en el mes de mayo ($3.319.092: $870.00 en Calama y $1.200.000 en Antofagasta), algo que comentamos en el Programa Pulso Regional en su oportunidad. Dos días después apareció un reportaje en La Tercera cuestionando el gasto en pasajes y viáticos de los parlamentarios/as, y el diputado Velásquez aparece en el décimo lugar a nivel nacional y segundo lugar a nivel regional. Mi pregunta acá es si acaso la periodista del medio nacional ¿también mintió?

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Yo invertí más de ocho horas en analizar la información, haciendo uso de política comparada, metodología aprendida durante mis estudios de doctorado en Inglaterra. Expuse el caso de todos/as los/as parlamentarios/as de la región, no de manera exclusiva al Sr. Velásquez. Por lo tanto, supongo que lo que se ha cuestionado aquí no somos quienes estamos desarrollando lo que una colega llama ‘Ingeniería Periodística’, o Periodismo Inteligente, sino más bien la exhaustividad de nuestro trabajo periodístico y la forma de ejercer nuestra profesión.

Desde una lectura de género, Constanza y yo estamos en total desventaja respecto al poder ejercido por las autoridades citadas, quienes se creen intocables frente al cuestionamiento sobre sus prácticas de gobernanza. La situación de Cristian es compleja también porque enloda su emprendimiento periodístico y a quienes trabajan con él.

Yo conozco desde el inicio el proyecto de Cristian Reyes, y a diferencia de otras personas, él (como yo) no ha tenido un árbol al cual arrimarse. Él ha forjado con esfuerzo la necesidad de levantar un medio independiente, libre de presiones ideológicas o de poderes fácticos, pero obviamente con la necesidad de generar financiamiento para ‘parar’ en primer momento un medio escrito y luego online. Me parece importante destacar aquí que Diario Antofagasta aparece como uno de los medios más leídos y con una evaluación impecable en la priorización de proyectos con otros soportes para la adjudicación de fondos públicos este año.

Este año ha sido especialmente duro para mí en términos de cuestionamiento público y privado por querer ejercer mi labor académica y profesional en pos de una libertad de expresión y de una transversalidad en la discusión política. Mi reputación está depositada en más de 20 años de apostolado académico, en mi capacidad incansable de proyectar mi trabajo más allá de las aulas y del país, y sobre todo traer a esta ciudad todo el background que he adquirido con casi seis años estudiando fuera del país y en constante movimiento a conferencias internacionales. Mi poder está en la credibilidad de mi trabajo, y eso no se puede enlodar por comentarios mal intencionados o matonaje político.

La libertad de información y del ejercicio periodístico es la columna vertebral para la sanidad en las democracias contemporáneas, a menos que se quiera practicar la estrategia descrita una vez por el Presidente Piñera “miente, miente que algo queda”, o la existencia de las ‘fake news’ y el ejercicio de un poder duro a través de amenazas de cierre de medios como lo que ha planteado el nuevo presidente de Brasil Jail Bolsonaro, o las acusaciones de Donald Trump de que los/as periodistas somos ‘enemigos/as públicos’.

Como periodista y cientista política me preocupan las prácticas malsanas de una política anticuada que quiere acallar verdades que duelen. Los medios y los/as periodistas estamos para fiscalizar el poder y pedir escrutinio público del quehacer de nuestras autoridades. Quien no entienda eso se quedó en los años de dictadura, o tal vez nuestra democracia no es tal como me preguntaba mi alumna.