Chile-Bolivia: ¿Salida al mar o Alianza Estratégica?

"Nada justifica la miopía política que posterga una iniciativa tan potente, los nuevos tiempos demandan dejar atrás divisiones que nos mantienen anclados en el pasado, lastres que obstaculizan nuevas miradas para construir un futuro de prosperidad común".

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A fines del siglo XIX, Bolivia, Perú y Chile se enfrentaron en guerra. Más allá de las buenas o malas razones para ese enfrentamiento, de si ¿eran nuestros intereses, ajenos o una mezcla de ambos?, si ¿fuimos actores o marionetas?, los resultados están allí. Fueron los humildes hijos de nuestras naciones los que regaron su sangre en el desierto; fueron madres y padres quienes lloraron a esos hijos; fueron miles las familias que vieron amputados sueños y esperanzas. La pólvora tronó dolor para las naciones involucradas y Bolivia, quedó en condición de mediterraneidad.

Chile venció a la confederación Perú-Boliviana y consolidó su posición en esa geografía desértica. Con los años, las heridas con Perú se han ido cerrando y los tratados posteriores terminaron por estabilizar las líneas fronterizas. No ocurrió lo mismo con Bolivia, que desde esa época mantiene sus reivindicaciones por una salida al mar.

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Son muchos años sin solución a esa legítima aspiración, ello no ha sido por falta de interés ni de inteligencia, quizás, por oportunismo ha existido un uso político-electoral del tema. Después de 136 años desde esa confrontación se observa falta de realismo: mientras en Bolivia se ha mantenido la idea de recuperar un litoral cautivo ilegítimamente; en Chile, se ha consolidado la idea de un territorio nacional incuestionable, miles de familias se han consolidado allí, personas que han nacido a la vida con la idea de un territorio propio, sin que nunca se hayan cuestionado aquello.

En la actualidad ambas comunidades tienen configurado un mapa mental dicotómico, que nunca llevará a ningún destino positivo, un juego de suma cero.

Propongo una mirada distinta, no digo original, pero, si oportuna, viable, sinergética, simbiótica, cuyos beneficios van mucho más allá del interés de ambos países, los que además de beneficiarse en esta materia podrían construir una potente alianza, que alcance a las naciones vecinas, que genere competitividad para que juntos podamos insertarnos en los mercados globales, usando la potente plataforma litoral y portuaria de la ribera del Océano Pacífico, su proyección hacia los emergentes mercados asiáticos, intercambiando recursos básicos, construyendo sistemas de transporte intermodal que sean eficientes en nuestra conectividad, accesibilidad, mejorando la proximidad y centralidad, que integre nuestros sistemas financieros y permita la integración y complementación empresarial, para penetrar juntos los más diversos mercados del mundo.

Nada justifica la miopía política que posterga una iniciativa tan potente, los nuevos tiempos demandan dejar atrás divisiones que nos mantienen anclados en el pasado, lastres que obstaculizan nuevas miradas para construir un futuro de prosperidad común.

Fui Senador de la zona en cuestión y pienso que Chile debe entregar a Bolivia un enclave en el litoral norte, el sector más lógico y de significación histórica sería la Bahía de Cobija, bajo la condición jurídica que Bolivia estime pertinente. Como reciprocidad, Bolivia entregaría una superficie equivalente que permita a Chile establecer un emplazamiento de acceso a las hidrovías, idealmente en Puerto Suárez, en las mismas condiciones jurídicas del enclave litoral. Todo esto en el marco de un Tratado que una a Chile y Bolivia, en una alianza estratégica para hacer viable un emprendimiento de alto valor comercial, social y cultural, que está llamado a configurar una nueva geografía económica, generando nuevos espacios de influencia a los puertos marítimos y fluviales de una potente cuenca geoeconómica que alcanza al sur de Brasil, Paraguay, norte de Argentina, Bolivia y Chile, permitiendo a este bloque acceder e influir en inmensos mercados.

No vislumbro razones que puedan impedir un esfuerzo de integración y complementación como este, que se basa en la confianza y colaboración mutua, con un sentido de fraternidad que debe ser asumido como una política de Estado en ambas naciones. La nueva sociedad demanda capacidad asociativa, competitiva y de innovación como elementos claves para el desarrollo, ello alcanza al comercio y también a la política, especialmente en temas públicos y de Estado. Estamos ante un escenario lleno de oportunidades que exigen nuevas miradas, sentido prospectivo, proactivo y visionario.

Chile se ha insertado con éxito en el mundo global, posee una comunidad de empresarios competentes y visionarios que pueden emprender gracias a normas claras y estables. Somos un país plenamente integrado al comercio mundial, implementando Tratados de Libre Comercio con los países y zonas más desarrolladas del mundo: Unión Europea; EE.UU.-Canadá-México; Nueva Zelanda; Australia; Japón; China, Corea, entre otros, lo que nos abre puertas a mercados de miles de millones de personas. Este pequeño país apostó a la diversificación de sus mercados y relaciones comerciales a escala global.

Para enfrentar con éxito este desafío común, se deben explorar y ampliar una diversidad de destinos y oportunidades, en las que alianzas con los países vecinos pueden potenciar una fecunda relación de futuro y desarrollo común: modernizando nuestros sistemas productivos, mejorando el capital humano y el capital social, articulando la mejor relación en el mundo del trabajo. Pero, también, articulando la glocalización supranacional generando nuevas relaciones con países vecinos y hermanos. Es prioritario e imprescindible articular nuevas miradas con Bolivia. Ese será el gatillante de un potente proceso de integración y complementación económica que consolidará un bloque económico y una plataforma comercial.

Para afrontar con éxito las oportunidades del Asia-Pacífico es menester cambiar nuestros procesos, la sinergia negativa que ha frenado la complementación comercial, profundizar la asociatividad que genere redes más amplias y ofertas más atractivas y altamente competitivas, enfrentando como bloque comercial los desafíos del comercio global.

Los clúster o encadenamientos productivos de Chile, deben extenderse en alianzas con los grupos de los países vecinos, potenciando la innovación de los productos, asociando la investigación en la ciencia y la tecnología, articulando una adecuada transferencia tecnológica entre nuestras universidades y el sector productivo, y así aprovechar las oportunidades que nos brindan las nuevas tecnologías de comunicación para formar comunidades en todo el espectro de interacciones que se nos presentarán en el futuro inmediato.

Espero que los políticos y diplomáticos, en ambos países, sean capaces de imponer nuevas miradas, visión prospectiva, planificación estratégica, al servicio del desarrollo de nuestros pueblos.