Calidad de vida para las regiones

11215707_10205427013571592_7711126253195878848_nEn el contexto de la discusión del presupuesto de la Nación para el año 2016, se produjo una situación inédita: dado que el gobierno no cuenta con los fondos para construir los hospitales comprometidos, se echó mano a recursos regionales. Es decir, las regiones serán quienes financien parte de la salud del país, sin proporción ni medida de justicia.

Durante el segundo trámite constitucional, el Senador Baldo Prokurica (RN) presentó una indicación para recortar a la mitad los recursos del Metro de Santiago. Dado que los parlamentarios no poseemos facultades legales para determinar el uso de los fondos públicos, dicha indicación buscaba dar una señal política al Gobierno: no se puede sacrificar la calida de vida de las regiones para que se mejore la calidad de vida en la Capital. Durante el tercer trámite constitucional, manifesté que mi voto sería favorable a las modificaciones del Senado, pues el gobierno debió haber negociado con los parlamentarios regionalistas una salida que garantizara un equilibrio de los intereses en juego. Ello, con todo, no ocurrió y finalmente tanto en la Sala como en la Comisión Mixta se impuso la mayoría obediente del Gobierno.

No hubo una discusión de fondo, no se debatió sobre la señal política que se envía a la ciudadanía. No hubo negociación ni esfuerzo para llegar a un consenso. En esto, el Gobierno central propuso y el Congreso, obediente, dispuso.

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Pero, quiero resaltar dos hechos: el primero, es que la indicación fue firmada por senadores de todos los sectores políticos y fue apoyada, de igual manera, en la Sala del Senado. Ello es indicio de un cambio que comienza a gestarse con fuerza, de la consciencia política de la necesidad de descentralizar y regionalizar el país y las decisiones.

De este mismo modo, en la Cámara de Diputados la votación no obedeció a partidos o tendencias, sino que a la conciencia del progreso equitativo y armónico de la Nación por una parte y del centralismo, por otro. Pero, el segundo hecho que vale la pena resaltar es que como pocas veces, el debate se sinceró en sus términos: se trató de un debate relativo a la calidad de vida de las personas. Y ello es importante, porque el regionalismo no se trata tan solo de más autonomía para las regiones, sino que de trabajar por lograr una mejor calidad de vida y un crecimiento armónico e igualitario en todo el país. Y ese es mi compromiso.