Triste, indignante y principalmente una muestra de lo equivocados que estamos como país, resulta el caso de Sophia, la menor de un año y 11 meses que falleció a manos de su padre en Puerto Montt causando consternación en Chile.

El pasado 25 de enero la madre de la menor llegó hasta el Sapu regional diciendo que su hija había sufrido un golpe en la cabeza y por eso se había desmayado. Sin embargo, los resultados de los informes médicos revelaron que Sophia falleció a manos de su padre biológico, quien la golpeó brutalmente hasta matarla. Además, se sospecha que fue abusada sexualmente.

Este es un caso donde una vez más queda totalmente de manifiesto que hay gente que no está capacitada en lo más mínimo para asumir el cuidado de niños, los que terminan condenados a una existencia miserable en sus primeros años de vida, si es que llegan vivos a su adolescencia y no son asesinados antes, como pasó con Sophia o el pequeño Mateo Riquelme en Calama, así como otros tantos casos que van y pasan ante la indiferencia generalizada.

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Lejos de avanzar a soluciones que eviten estos casos de maltrato a menores, por el contrario vemos como aparecen grupos autodenominados “pro vida” que promueven la natalidad sin control alguno, el Estado fomenta la paternidad sin control entregando los bonos por hijo y similares, a la vez que se limita el acceso a la anticoncepción y el aborto libre por razones religiosas.

Es evidente que estamos avanzando en la dirección equivocada con esta clase de políticas “pro nacimiento” donde se fomenta la concepción sin control. Se busca a como de lugar que hayan muchas mujeres dando a luz porque se le considera una bendición, pero una vez que nacen los niños quedan completamente sometidos al azar y el mercado ya que nadie se asegura que tengan padres capaces de cuidarlos y no exponerlos a una vida de sufrimiento.

Como país seriamente preocupado por el bienestar de sus niños, junto con endurecer severamente las penas en contra de quienes maltraten a los niños y niñas, es necesario comenzar a hablar seriamente sobre la implementación de un estricto programa de control y planificación familiar, donde solo aquellas personas que logren demostrar ser aptas física, sicológica y socialmente para cuidar a un niño y brindarle los cuidados que merecen y necesitan, puedan llegar a tenerlo, recibiendo además todas las ayudas del caso por parte del Estado en materia de implementos, alimentación, salud y educación. Para quienes no cumplan, anticonceptivos y preservativos gratuitos (y por qué no, obligatorios), dispositivos, esterilización no permanente e incluso interrupción de embarazo antes de un determinado número de semanas.

No es concebible que para ingresar a un trabajo, conducir un vehículo, acceder a bienes materiales u obtener créditos bancarios existan toda clase de resguardos como test sicológicos, de drogas y similares, mientras que para algo tan importante como es el cuidado de un niño exista una desregulación absoluta y lo que es peor, se fomente como un “canto a la vida” el que cualquiera pueda llegar a tener a su cargo todos los niños que le plazca, así se encuentre apto de cuidarlos o no, o que incluso estos niños puedan verse expuestos a sufrir una vida corta y de maltrato.

Educación sexual sin tapujos, preservativos y anticonceptivos gratis y de facil acceso, píldora del día después sin preguntas, de facil acceso y gratuita, esterilización si es preciso, aborto sin restricciones y gratuito, control de natalidad y planificación familiar, son medidas necesarias para prevenir que gente como Francisco Ríos, el padre de Sophia, puedan llegar a estar al cuidado de niños o niñas. Eso, o seguir viendo a niños sufrir y morir, porque el Sename no está capacitado para recibir niños en riesgo y ningún político  “pro vida” ni grupo religioso ha estado con Sophia, con Mateo, con otros tantos, una vez que nacen y quedan bajo el cuidado de delincuentes.