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Domingo 29 de Mayo del 2022 08:20

Un mar de conocimientos, con un centímetro de profundidad

"Un alcalde que no es capaz de proyectar una robusta cartera de proyectos que logre entregarle un brillo de verdad a nuestra perla, menos capacidad tendrá de mirar más allá de lo que su tiempo de gestión le permite". Por Pablo Iriarte, Arquitecto.

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Pablo Iriarte Ramírez
Pablo Iriarte Ramírez
Arquitecto, Universidad Católica del Norte.

A 9 meses desde la asunción de Jonathan Velásquez como alcalde de nuestra comuna, los “pormenores” de lo que podríamos llamar gestión, nos vaticinan que los resultados esperados por la ciudadanía aún están en deuda.

La primera crítica que podría hacerse a mis palabras es que aún es poco el tiempo de gestión, lo que parcialmente es cierto, con la salvedad de que a estas alturas del mandato, por lo menos debiese contar con un equipo técnico y político ya instalado, equipo que debiese estar perfilando, con proyectos concretos, el camino de su programa de gobierno local, y la verdad es que ni equipo, ni política, ni elementos técnicos son los que hoy se transforman en el resultado de un alcalde sin programa, cuestión que a modo personal, me parece esencial, y aunque parezca secundario para muchos y muchas, en el largo plazo puede ser fatal para una comuna, y los resultados a menos de un año de gestión, están a la vista.

Lo complejo de todo, es que Antofagasta es una comuna relevante para el desarrollo del país, en donde vivimos la contradicción de que el “desarrollo económico” nos transforma en un territorio en donde la desigualdad y el costo de la vida pasan a transformarse en cuestiones esenciales a solucionar, transformándose el municipio en un espacio estratégico para el desarrollo de propuestas y programas que apunten a mejorar la calidad de vida de nuestra gente, cuestión que se ve lejana con un alcalde que es capaz de hablar de todo, pero no hace nada: un mar de conocimientos, con un centímetro de profundidad.

Lo anterior, más allá de lo que significa un resultado electoral, se transforma en un peligro para nuestra comuna, uno que podríamos lamentar a futuro y a largo plazo, considerando que un alcalde que no es capaz de proyectar una robusta cartera de proyectos que logre entregarle un brillo de verdad a nuestra perla, menos capacidad tendrá de mirar más allá de lo que su tiempo de gestión le permite, y en ese sentido, cuestiones como un nuevo plan de desarrollo comunal, la actualización de un plan regulador comunal, un plan de seguridad pública integral, y la construcción de una política comunal que permita atender necesidades urgentes y bajar el costo de la vida en una de las regiones más caras de Chile, pasan a transformarse en utopías por estos tiempos.

Lo que uno no puede dejar de reflexionar, como cuestión netamente política, es que debemos partir por reconocer que la democracia es así, y no la podemos relativizar, y más allá de preguntarnos el “¿Cómo es posible, que alguien que confunde la gestión municipal con un programa de redes sociales nos dirija?”, debemos preguntarnos qué hemos hecho nosotros para revertirlo.

La bochornosa situación por la cual pasa nuestra comuna no cambiará solo siendo capaces de articular una fuerza común que dispute el sillón municipal, sino que además de la construcción de una fuerza con contenido común que recupere la confianza de nuestra gente, la misma que ante la decepción acumulada, prefirió apoyar promesas que dificilmente se cumplirán en nuestra comuna.

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