Mi vida detrás de un volante: La irresponsabilidad de otro cambió nuestro entorno

No es fácil condenar los actos de otras personas aunque en muchas ocasiones estas afecten a terceros pero en ciertas condiciones es necesario dar testimonio, para que nunca más vuelvan a pasar.

YoToda la vida hemos visto diferentes comerciales que buscan cambiar nuestra conducta o generar conciencia sobre algún acto en particular. Desafortunadamente el comportamiento del ser humano es difícil de cambiar y más cuando las personas tiene la costumbra de comportarse de una manera.

Beber en Fiestas Patrias es casi algo tradicional y nadie está libre de aquello, todos los carteles dicen aléjense de riñas y tome con moderación, faltarían letreras para que dicha premisa se cumpla íntegramente ¿Qué pasa cuándo decides conducir con alcohol en el cuerpo? En la mayoría de los casos al irresponsable no le pasa nada, es la vida de otra persona la que cambia, como la mía.

Una noche me encontraba en el paradero, esperando locomoción para llegar a mi casa cuando veo un choque de tres autos provocado por un conductor ebrio sin licencia a una cuadra de distancia luego solo recuerdo un fuerte ruido. Abrí los ojos y estaba en una ambulancia, los paramedicos hablaban entre ellos pero no les entendía, uno de ellos trató de sacarme la polera pero no podía, ahí reaccioné y le dije “tranquilo, yo lo hago” y con el brazo bueno me saqué la camiseta, atiné a no moverme, porque, inexplicablemente, sabía que había tenido un accidente y que tenía algunas extremidades fracturadas.

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No quiero aburrirlos con los detalles médicos pero si es necesario que sepan las consecuencias de la borrachera de otra persona en mi entorno.

Mi celular estaba apagado. Habían llamado a hermana para decirle que había tenido un accidente pero no le dieron mayores detalles, ella estaba a miles de kilómetros de distancia, desinformada y desesperada. El que me atropelló, estaba tranquilo.

Mi madre se enteró, no tenía más información que mi hermana y quería viajar lo más pronto posible para saber mi verdaderos estado, no fue a trabajar al otro día y solo atinó a rezar. El que me atropelló, seguía tranquilo.

Mi padre tuvo que quedarse en Calama, mientras solo veía pasar las horas hasta que mi hermana y mi madre estuvieran conmigo y constataran la gravedad de mis lesiones. El sueño no era un aliado y la desconcentración se apoderaba de cada momento. El que me atropelló, dormía plácidamente.

Pude haber muerto pero tengo cosas pendientes en la vida aún. Se me fracturaron tres de mis cuatro extremidades. Fuí sometido a operaciones millonarias y luego pase prácticamente un año en terapia y rehabilitación para mover mis piernas y brazos normalmente. El que me atropelló, hacía su vida normal.

Mi madre y mi hermana dejaron sus trabajos momentáneamente y mi abuelo paterno viajó a cuidarme también. Sus vidas giraban en torno a mi y mi recuperación. El que me atropelló, realizaba su rutina normal.

Estuve dos meses sin pararme de la cama, dependiente de todo. Tuve que trasladarme en silla de ruedas. Apreciaba cada momento en el que podía moverme mejor. El acto simple de levantarme de la cama era imposible para mi y el caminar, era un sueño. El que me atropelló, ya no se acordaba del accidente.

No tomé la noche del atropelló, no me había portado mal y solo quería llegar a mi casa. Me recuperé, volví a caminar y hasta a bailar. Del tipo que me atropelló nunca más supe y solo me concentré en rehabilitarme. En las mañanas a veces me duelen las lesiones, al caminar me canso más de lo normal pero lo bueno es que estoy vivo y estamos acá.

Hoy te conté mi historia, el cómo y el cuándo, no soy diferente, soy como tú, he llegado hasta acá soñando. Ahora me tocó a mi pero en alguna oportunidad puede ser tú o uno de los tuyos, puedes ser el que me maneja o el atropellado.

¿Qué te parece si llegamos al trato de que no seas ninguno de los dos?

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