El Ministro que se dio el lujo de dejar plantada a Antofagasta

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En el frontis de la Intendencia regional de Antofagasta había una mezcla de expectación, e ilusión. Se pensaba que al fin podría escucharse en la boca del entonces Ministro (s) de Salud, Jaime Burrows, el anuncio que familiares de los niños contaminados con arsénico y las organizaciones ciudadanas de la capital regional esperaban. Que al fin se había optado por detener el transporte, acopio y embarque de concentrado de cobre proveniente de diferentes faenas mineras, hasta encontrar un nuevo sitio alejado de las zonas urbanas.

Así se había especulado en las horas previas, cuando se anunciaba entre diferentes miembros del mundo social, que el viernes era el día clave. Que la presencia de tres ministros en la ciudad era una señal inequívoca de que se haría un anuncio importante. “Se le acabó la fiesta a las empresas que contaminan”, “Mañana nos jugamos la vida”, eran las frases que, cual final de un campeonato de fútbol, circulaba en algunas redes sociales.

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La prensa local esperaba paciente mientras quien escribe luchaba contra el tráfico para llegar a tiempo y conseguir alguna declaración del ministro, poniéndole la lápida a la contaminación minera y portuaria que afecta a la ciudad. Los miembros del movimiento #EstePolvoTeMata levantaban sus carteles con manos empolvadas.

Pero comenzaron a pasar los segundos, los minutos, las horas que parecían años, hasta que finalmente, cuando el tránsito más parecía un ejército de grillos haciendo un “cri cri” gigantesco, aparecen las autoridades para anunciar las medidas con las que se pretende “limpiar” la contaminación. Es decir, lejos de cambiar la llave que gotea, se lanzan servilletas al piso para quitar un poco del agua derramada.

El Ministro de Salud, Jaime Burrows, por problemas de último minuto, no pudo viajar hoy hasta Antofagasta, como estaba programado“, decía en uno de sus párrafos la convocatoria de prensa, donde se confirmaba el plantón.  Casi a la par, en Santiago la Presidenta Michelle Bachelet anunciaba la designación de una nueva ministra de salud, Carmen Castillo. Una medida que era esperable, según la prensa capitalina, ya que ese mismo día comenzaban las vacaciones de Burrows. Es decir, en Santiago siempre se supo que de visita del Ministro de Salud a Antofagasta no habría nada, ya que evidentemente estas vacaciones estaban programadas con suficiente anticipación.

Es entonces cuando queda de manifiesto que en el Gobierno Central y Gobierno Regional simplemente mintieron respecto a la visita del Ministro, o bien existe un nivel de descoordinación y falta de peso del Gobierno Regional que llega a tal punto, que en Antofagasta son los últimos en enterarse respecto a las decisiones que se toman en Santiago y afectan a la región.

Ambas opciones revisten la mayor gravedad, por cuanto si la promoción de una visita fantasma a la zona era una estrategia para ganar tiempo y esperar que el movimiento ciudadano “se desinfle”, el efecto ha sido evidentemente el opuesto y solo se ha conseguido que aumente la preocupación e indignación ciudadana, incluso dando pie al aprovechamiento político por parte de figuras, incluso de derecha, pese a que fue el Gobierno de Sebastián Piñera el que permitió el cuestionado proyecto de acopio, transporte y embarque de concentrado de cobre.

Si el plantón obedece a la falta de peso de las autoridades regionales y poca vinculación con el gobierno central, se trata de una situación que revela una vez más las carencias del modelo administrativo eminentemente centralista existente en el país, con autoridades regionales designadas y carentes de atribuciones para resolver los problemas que afectan a la ciudadanía. Podemos esperar entonces cualquier promesa de solución por parte de estas autoridades, para enterarnos luego que en Santiago se decidió hacer otra cosa.

Tener que estar sacando estas conclusiones, mientras 45 niños tienen arsénico en su sangre arriesgando sufrir cáncer en el futuro, es lo más degradante para una ciudad como Antofagasta.

No es lo que queremos ni lo que merecemos.Existe un comercial que muestra a la ciudad como una mujer maltratada y descuidada. Sin embargo, en estos días Antofagasta más parece una mujer con un marido infiel, de quien recibe promesas que no se cumplen, mientras sospecha que, o la estan engañando o simplemente convive con un machista, quien considera que su rol principal es quedarse en la cocina y lavando con cloro la ropa sucia, así vea como pasa la vida ante sus ojos mientras se marchita su belleza y dignidad.