Colombianos residentes en Antofagasta celebran con todo el día de su independencia

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Este 20 de julio Colombia celebra el día de su independencia y la  colectividad de Residentes Colombianos en Antofagasta prepara una celebración llena de gastronomía y folklore a la que invitó a toda la comunidad a participar.

Con mucha cumbia, currulao salsa comenzaron este viernes en la Plaza Colón, las actividades de la Colectividad de Colombianos Residentes en Antofagasta, para celebrar el día de la Independencia del país cafetero.

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La fiesta continua este domingo, a partir del medio día, las puertas del Liceo de Hombres se abren para recibir no solo a la comunidad colombiana, sino a toda la antofagastina que quiera saborear un auténtico tamal, probar la refrescante aguapanela con limón o comer la tradicional papa rellena y disfrutar de una segunda muestra folclórica. El evento está diseñado para toda la familia, pues los tradicionales juegos colombianos, como la golosa (rayuela), yermis, yas, entre otros, harán parte de la actividad. El ingreso es gratuito y será por calle 21 de Mayo.

Nosotros como Colectividad de Colombianos Residentes en Antofagasta, estamos interesados en mostrar la verdadera imagen de nuestro país, una Nación llena de folclor, tradición y riqueza cultural“, aseveró Liuman Díaz, Presidente de la Comisión de Arte y Cultura. “Es por esto que invitamos a todos los colombianos residentes y antofagastinos en general a participar en estas dos actividades que hemos preparado con mucho agrado para todos, eventos con entrada gratuita, dirigidos a la familia y al intercambio cultural“, agregó.

GRITO DE LA INDEPENDENCIA

Ambas actividades están encaminadas a celebrar los 205 años de la Independencia de Colombia, que ocurrió el 20 de Julio de 1810. Un evento que no fue fortuito, sino planeado por los intelectuales de la época, donde un florero terminó siendo el protagonista, el florero de Llorente.

Cansados de la opresión española, los criollos (hijos de españoles nacidos en América) escogieron el viernes 20 Julio para llevar a cabo un brillante plan. Debía ser un viernes, día de mercado, en el que campesinos y comerciantes acudían a la plaza principal. Tal como planearon, los criollos entraron al almacén de Llorente a pedirle prestada una pieza para adornar la mesa en la que recibirían a Antonio Villavicencio. Algunos dicen que fue un ramillete, otros un farol y otros un florero. Llorente se resiste porque dice que la pieza está maltratada y en mal estado, lo que funciona tal como lo planeado. La situación se convierte en una discusión en la que indios, blancos, patricios, plebeyos, ricos y pobres terminan uniéndose en contra de los españoles y pidiendo a gritos su libertad.