El papado inteligente

No puedo dejar de pensar en la abdicación del papa Ratzinger. Y la cuestión que se me aparece es la institucionalidad de la iglesia católica. El mensaje que resuena es no a la gerontocracia. Recuerdo a su antecesor, el polaco Wojtila, quien encarnó la figura de la ancianidad sabia, pero enferma, pues padecía de una enfermedad de Parkinson que se manifestó notoriamente sobretodo en los últimos lustros de su papado.

Y esta enfermedad es un tipo de demencia, una demencia muy expresiva, pues se producen movimientos rítmicos mientras la capacidad cognitiva se deteriora progresivamente. En tales condiciones es difícil imaginar un dirigente tomando decisiones en forma autónoma. Esto es a lo que Ratzinger apunta cuando se retira a sus cuarteles nevados. Autonomía en la toma de decisión, no quiero ser un Wojtila, quiero ser transparente en visibilizar la cuestión de la gestión al interior del Vaticano.

Y es que Ratzinger es un hombre de Estado y piensa en darle viabilidad a la institución mediante dos caminos: uno, el encarnar las culpas de los delitos y sufrimientos causados por las denuncias de abuso sexual infantil y pedofilia, sobretodo el escándalo que ha significado la presencia de Marcial Maciel, el fundador y máximo dirigente del movimiento de los legionarios de Cristo, movimiento radical de construcción de espacios de poder a través de la evangelización de los grupos más ricos de católicos de México, Colombia, Chile, España Italia etc. El otro camino, nunca más un papa anciano y enfermo en la toma de decisiones.

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Maciel tenía una mujer y tres hijos en México. En Chile, la escandalosa defensa realizada a Karadima y su entorno abusivo ubicado en el corazón de Providencia, la renuncia del obispo de Iquique por idénticas razones, el caso de “monseñor” Cristián Precht, el gran defensor de los derechos humanos durante la dictadura como eventos en Chile, país tradicionalmente católico, son la huella de lo que el papa alemán hubo de enfrentar. Pero lo mismo ha sucedido en Australia y EE.UU, dónde las víctimas de abuso sexual suman centenares y se han organizado para exigir reparación, que en muchos casos se ha traducido en el pago de costosas indemnizaciones.

Y como no pensar en su sucesión. EL cónclave de cardenales electores tendrá como ambiente, enrarecido para muchos de ellos, la consigna de no elegir a otro anciano al sillón petrino. Es muy posible que esta vez sea elegido alguien de las filas de los conservadores grupos de poder, que consiga representar intereses del opus dei, de los legionarios de cristo y otras agrupaciones organizadas en torno al trabajo espiritual de  oración y fe como camino al cielo. Es probable que sea un joven de unos 70 años, aunque muchos desearán que fuese el ex embajador del Vaticano en Chile, Angelo Sodano (1927-), quién lamentablemente está off side gracias a la movida de Ratzinger. En Chile tenemos un cardenal elector, que podría llegar a ser papa, que se llama Francisco Javier Errázuriz, quién, si mi tesis es correcta, tiene nulas posibilidades de acceder al sillón papal pues ya tiene 79 años.

Así que independientemente del juicio que se tenga de la iglesia católica romana, hay que reconocer que se ha producido un cambio enorme en el escenario del poder de la curia vaticana, dónde debe asumir un hombre joven, con lo que deja sin piso a todos los viejos tercios cardenalicios que esperaban con ansia que le llegara ese día a Ratzinger y además pretende establecer el día después de los abusos sexuales, encarnando la función de chivo expiatorio de un papa “que ya no puede más por falta de energía corporal y espiritual”.La movida papal pretende hacernos creer que comenzará una nueva era en la iglesia. Si no me equivoco, creo que se están disparando en el pie, pues el movimiento resurgirá sobre los delitos de pedofilia y resucitará al tercer dia. El nuevo y conservador papa carecerá de herramientas políticas para solucionar el problema, con lo que todo escenario posible será peor para la iglesia en el futuro.