A recuperar la inocencia

Tras meses de desgaste del conflicto educacional y luego de que hemos llegado a un ambiente de lamentable provocación por parte del Gobierno, los estudiantes universitarios y secundarios se preparan para una nueva semana en pie de guerra por cambiar definitivamente su tan denostada educación.

Y no sólo ellos, porque el movimiento tomó un tinte estructural, ciudadano, que nos convoca a todos. Hasta los estudiantes de educación básica quieren hacer lo propio. Hablamos realmente de niños, pero no por eso menos conscientes de lo que sucede a su alrededor.

En efecto, los estudiantes secundarios que apoyan las movilizaciones universitarias son los que hace cinco años se tomaron sus escuelas en octavo o séptimo básico. Son los que ya en esos instantes fueron capaces de tener una verdadera visión de futuro, de lo que querían lograr por su país ¿Tendrá nuestro gobernador Pablo Tolosa un ápice de esa visión? ¿Sabrá que son también sus hijos y sus nietos quienes se beneficiarán con una educación más justa y de calidad? ¿Pensará Paulina Núñez, la seremi de Gobierno en el futuro de los hijos que aún no tiene?

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Hoy más que nunca, y a pesar de todo lo que digan sobre el trasfondo político de este movimiento es necesario recuperar la inocencia. Recuperarla como esos niños que pasarán su día especial del año con un país en la incertidumbre de tener una Educación desastrosa, que roba y arrebata cruelmente la inocencia de quienes sin siquiera entrar en la adolescencia ya saben que no tendrán oportunidades por crecer y educarse en un establecimiento público.

En este Día del Niño, el mejor regalo es recordar que “esto no es por nosotros”, como repiten hasta el cansancio los universitarios. Esto es por los que vienen y por los niños, que son realmente el alma de nuestro país. Pero no equivoquemos caminos, como lo han hecho algunos de los sectores más radicales del movimiento, que con huelgas de hambre o destrozos pretenden llegar a un acuerdo. Sin embargo, la responsabilidad última recae sobre las autoridades.

Si ni el Gobierno ni nuestro Presidente son capaces de tener esa capacidad, esa sensibilidad, entonces estamos ante otra autocracia más, que sin importar lo impopulares de sus medidas timonean una nación para arrebatarle el futuro a los más inocentes.