Por las calles de Calama y en especial en el Cementerio Municipal de la ciudad, se cuenta la leyenda de “Botitas Negras”, la cual concede favores a quienes la visiten y le dejen flores en su tumba.
La historia es así. Irene aterrizó en Calama directamente desde Concepción, con muchas ganas de mejorar su calidad de vida y su futuro.
Comenzó a trabajar como empleada doméstica en algunas casas de la comuna, sin embargo, debido a su gran hermosura, comenzó a despertar los celos de algunas de las esposas de los hogares en dónde prestaba servicios.
El tiempo pasaba y el dinero escaseaba por lo que se vio obligada a trabajar en un conocido burdel de la ciudad, en dónde era conocida como “Botitas Negras”, tras utilizar estos accesorios oscuros todas las noches.
Irene se transformó en una de las acompañantes más cotizadas de la zona, dejando grandes ganancias a la dueña del local.
Sin embargo, la mujer se enamoró y decidió dejar su vida lujuriosa para casarse con una minero de Chuquicamata.
Una mañana, una explosión en la mina acabó con la vida del enamorado de “Botitas Negras”.
Irene cayó en depresión y se culpaba de la muerte de su amor, atribuyéndole la mala fortuna a un castigo divino por su vida pecadora.
Una noche, dos personas secuestran a la mujer y acaban con su vida. Su cuerpo descansa en el Cementerio Municipal de la comuna y es visitado constantemente por residentes y turistas de la zona.
Actualmente, su tumba es visitada diariamente y luego de su arrepentimiento es considerada una ayuda divina para muchos.
Miguel Marín Titichoca (38), boliviano nacionalizado chileno, aseguró que “llegamos de niños a Calama y desde ese momento escuchamos la historia, nos ayudó a instalemos ahora, una ayuda para nuestros manos obras y comerciantes, siempre le dejamos monedas o juguetes, para que no falte el trabajo y la alegría”.
“Acá me hice hincha de Cobreloa y de Víctor Jara, espero subamos este año, esa petición también le hice jaja”, añadió.
Consultado sobre la difusión de la historia aseguró que “mis hijos cuentan la historia en el colegio y me parece que una vez realizó una disertación al respecto, es parte de la cultura calameña”.
Laura Rodríguez Martínez (42) es de Salta y se encuentra visitando unos amigos en Calama, la joven aseguró que la visita a “Botitas Negras” es una parada obligada para los turistas en la zona.
“Al estar acá se siente una energía especial, algo en el ambiente pero de forma agradable, dejamos una ofrenda y espero nos ayude en que siga saliendo todo bien en este viaje”, aseguró la trasandina.
Gerardo Guerrero Quispe (37), es un peruano nacionalizado chileno, que llegó hace muchos años a Calama.
“Llegué a estudiar a Calama en la básica, una bonita época. Tuvimos que realizar una disertación de Leyendas del norte, varios compañeros hablaban de ‘Botitas’ y ahí conocí el relato”, expresó.
El joven aseguró que “cuando era niño tenía muy poca autoestima y sentía mucha envidia por la vida de algunos compañeros. Ahí Botitas me ayudó mucho más que el psicólogo, cambió mi vida”.
