El poder de las palabras

Me dijeron  alguna vez siendo más chica que bailaba mal, desde entonces mi cerebro se hizo de la idea y lo creyó así durante mucho tiempo.  Años más tarde en el colegio me dijeron que era un líder negativo, que mi conducta iba a terminar por destruirme y nuevamente lo creí así, entonces me destruí.

Luego, y analizando todo, tomé conciencia de lo vivido y bueno, ha ocurrido a generaciones completas: fui víctima de un embrujo. Sí, tal y como suena, y es que las palabras son mágicas y tienen un poder infinito que puede determinar la forma de ser de una persona.

Esta teoría  es explicada muy bien en uno de los puntos expuestos por  el médico mexicano Miguel Ruiz en su libro “Los Cuatro Acuerdos”, obra basada en la cultura Tolteca y que relata la cosmovisión que deberíamos tener para estar en equilibrio.

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En total son cuatro acuerdos, siendo el primero ” se impecable en tus palabras”, según se aprecia en el libro, cada palabra tiene un poder determinante en una persona o en algún asunto,  por ejemplo,  Camilo preparó una canción para su madre, pero ésta ha llegado cansada y malhumorada del trabajo, cuando Camilo canta el tema  que con tanto amor preparó, su madre lo hace callar a gritos y en el colapso le dice ” cállate mierda, cantas mal”, el niño frustrado por el empeño que puso en su obra tenderá a pensar que realmente es un asco en la música y probablemente no vuelva a cantar con tanta pasión.

En lo anterior se aprecia lo siguiente, la madre no dimensionó el daño emocional que recibiría Camilo producto de su malestar y sin querer lanzó un embrujo tan potente a su hijo, quien años más tarde argumenta que tiene mala voz y se niega a cantar en artes musicales.

Seguramente nos vemos reflejado en ese pequeño ejemplo, quizás siendo aún pequeños y medios brujos, lanzamos hechizos a los más débiles, haciéndoles creer que no valían nada o que eran tontos por ser distintos, quizás muchas veces nuestros padres nos hicieron creer algo que en esencia nunca fuimos pero lo creímos así por algún tiempo.

Lo importante del  asunto es asumir desde ahora una postura distinta, no cuesta nada decirle a tu pareja lo mucho que te molesta cierta actitud de una manera más empática, pensando antes de lanzar una maldición, antes de herir sentimientos con palabrotas.

Y es que cada uno es único , sentimos diferente, pensamos diferente,  por ende cada discurso afecta de manera distinta a cada persona. Te puedo decir que “vales callampa”  porque para mí no significaría  nada  si tú me lo dices  a mí, pero yo no sé por lo estás pasando y si te lanzo esa maldición y tú la aceptas,  lo más posible es que termines siendo lo que te dije, actuando parecido a la ley de atracción.

Lo que quiero decir es que cada vez que hablamos estamos lanzando hechizos. Pueden ser de amor y compasión como de odio y rencor, pero también podríamos recibir todas estas maldiciones de vuelta,  lo importante ahora es NO ACEPTAR esos hechizos y rechazarlos cada vez que alguien nos intente hacer creer algo que no somos.