¿Para quién es el cordero?

Recuerdo que leí hace un tiempo atrás sobre una lucha tremenda que se desató en el Chile de fines de los años cuarenta, específicamente en el seno de la zona central del país, donde muchas y muchos murieron a manos de la represión del órgano ‘de orden’ del Estado: Era justamente, una lucha encarnada y sumamente justa, las alzas de los bienes y servicios de primera necesidad.

Hoy en Antofagasta se suscita una situación bastante simil, y lo hemos notado sin duda ¿no? Las alzas en el agua, la electricidad, el gas, y hoy, la bencina y los pasajes de la locomoción colectiva.

Siempre he pensado que nuestra gente más humilde, en medio de la sociedad de clases en Antofagasta, sale a la cola en estas ‘reformas’ que pretenden dar un respiro a la crisis mundial del capitalismo, ya que en su declaración oficial, la ENAP (Empresa Nacional del Petróleo) aduce a que estas alzas se deben a una necesidad permanente que existe en Europa de recibir petróleo ante las olas de frío que están sucediéndose en el viejo continente.

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Podríamos ir más allá en este análisis como, por ejemplo, ¿es el pueblo europeo mismo, aquellos que representan la contradicción del neoliberalismo ‘social’ que se ha construido en ese continente, quienes necesitan resguardar su integridad física ante estas olas de frío en ese lugar? Lo dudo, simplemente. A esto viene entonces la pregunta central: ¿Para quién es el cordero?

El alza de las bencinas en Antofagasta pone más en jaque el bienestar de nuestra gente, aquellos que salen muy temprano en las mañanas con sus autos para salir al trabajo diario, o que simplemente, toman un ‘TransAntofagasta’ y ven su bolsillo más azolado aún por la plusvalía de estos mercenarios que buscan enriquecer sus arcas a costas de lo difícil que se hace vivir en estas condiciones.

Creo que ya ha sido demasiado cómo han jugado con la inestabilidad popular en lo económico, producida por esta desmedida acumulación del capital que solo denosta y profundiza aún más las precarias formas de vida familiar e individual en nuestra ciudad.

Una ciudad que pretende ser la más propicia para los negocios capitalistas, pero que en rigor, solo sigue pegando bofetadas en el rostro de nuestro pueblo trabajador.

Bajo esta lógica, como comunista, creo firmemente en la democratización de los precios de estos servicios de primera necesidad, sin la intervención internacionalista que pretende sensibilizar esta crisis del capitalismo social europeo: ¿Por qué debemos estar supeditados a una economía mundial que está en decadencia?

Chile y nuestra región en particular, posee grandes riquezas naturales que podrían ser de gran ayuda para acabar con esta nefasta sociedad de clases que existe en nuestra ciudad, en la región, en el país, para terminar con las alzas desmedidas y permitir que nuestra gente, por fin, pueda desarrollarse de manera íntegra, en su rol social intrínseco, de transformación y avance de su propio entorno y del que le rodea en comunidad.

Hoy nos hemos enajenado justamente de este aspecto de la vida en comunidad, ya que la principal preocupación de nuestro pueblo es vivir por el miedo a la crisis económica. Esto produce frustración social, el famoso ‘stress’ y en ocasiones críticas, el suicidio porque simplemente, el o la obrera hoy, no puede entregar su sustento a su familia o a sí misma o mismo.

Falta que sigamos creando y construyendo conciencia de que lo económico desde lo histórico, ha regido en los destinos de las sociedades en el mundo, produciendo esta lucha de clases como la caracteriza Carlos Marx*, y hoy en Antofagasta podemos verla ampliamente.

¿Para quién es el cordero hoy entonces? Juzgue usted misma o mismo.
Armémonos juntas y juntos desde las ideas y arremetamos en contra del modelo que nos impera.