Entrevista: Tres miradas sobre ‘Quijote’

Víctor Bórquez, entrevista al director y los dos protagónicos de la obra de teatro. Hablan en primera persona, respecto de la relevancia que ha tenido para ellos dar vida en las tablas al inmortal personaje literario trasladado a nuestra realidad.

Alberto Olgúin Durán, Director de Quijote

BETO OLGUINCreo que el mejor aporte que puede ser nuestro trabajo escénico, es (como diría Tolstoi) pintando la aldea, en este caso el Norte, el Desierto de Atacama. No quiero ni por un segundo que la obra dicte caminos morales acerca del comportamiento de nuestros habitantes., sino más bien, ser un espejo de reflexión de lo que somos.

Para eso me he valido de personajes ficticios de una novela importantísima para la cultura occidental y, además, he hecho que los personajes que se extrapolan en nuestro escenario sean extranjeros. Quijote viene de España, Sancho de Bolivia y Dulcinea de Colombia. Ellos hablan desde cómo ven el Desierto de Atacama.

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Espero que desde la perspectiva del lenguaje escénico, la obra pueda ser un aporte a que nuestros espectadores puedan ver que el acto escénico no tiene por qué ser siempre lineal y que los personajes no tienen por qué siempre tener la conducta que nosotros queramos que ellos tengan. Ellos tienen su propia moral y ética y eso los mueve.

Quiero que se hable de las fobias del norte, de las fobias a los distintos, a los extranjeros, a los raros, a los que no viven del cobre y a los que no creen en él. Como dice Silvio quiero hacer un homenaje “a las piñatas usadas, a los vampiros y a los días sin sol”.

Reseña curricular: Director, actor y dramaturgo teatral, licenciado en Artes de la Representación. Desde 1990 trabaja en el Teatro de esa Casa de Estudios, llegando a ser su director artístico. Ha fundado varias compañías teatrales y dirigido más de quince espectáculos escénicos, sobresaliendo Monkey (2000), Zoológico (2001), Patria: Ensayo y Error (2007) y Los trenes se van al purgatorio (2013). Es el actual Jefe de la Carrera de Artes Escénicas de la Universidad de Antofagasta.

 

Carlos González Múñoz, actor.

De Cristo a Quijote

Carlos GonzalezEl Cristo de Elqui y Don Quijote de la Mancha son sin duda dos personajes notables, fuertes, nobles, intensos y que han dejado un gran legado cultural y literario en donde investigar. Sus vidas han sido retomadas desde múltiples caras lo que ha facilitado la labor de escarbar en estas figuras y extraer detalles que sobre los que construir arriba de las tablas personajes que, si bien se basaban en los “originales”, permitían una gran libertad con la que jugar y llevar así a mi terreno esta creación.

Estos personajes comparten más cosas de las que las que les distancian: ambos, a pesar de su locura, poseen un increíble grado de lucidez, son capaces de entresacar verdades y misterios de la existencia y, lo más interesante, es que encuentran dichas revelaciones donde normalmente uno no mira, en lo grotesco, lo soez y lo vulgar.

Interpreté al Cristo de Elqui antes, que es un personaje con una historia notable, mística y accidentada pero lo más asombroso de todo es que es real, sucedió, vivió e impactó en las vidas de las cientos de personas con las que se encontró.

Por otro lado, el Quijote es un arquetipo de la cultura universal, es un personaje que ya no le pertenece a Cervantes sino que está en todos nosotros, está en cada persona que se enfrenta a un imposible y aun así quiere intentarlo, está en aquellos que se dejan la vida por los demás… pero también se encuentra en los pequeños detalles: en el niño que ayuda a un anciano a llevar las bolsas de la compra, en la persona que devuelve una billetera que se encontró sin tocar nada de lo que lleve dentro, en aquellos padres que día tras día luchan por darle a sus hijos un futuro mejor… el desafío aquí no es respetar el personaje que ideó Cervantes sino a ese arquetipo que está instalado en la cultura universal.

Otra clave importante del Quijote es que sus buenas intenciones chocan siempre con la realidad… tropezando cuando intenta hacer el bien, enredando los nudos que quería deshacer,  golpeando al inocente y liberando al opresor. Esta característica es fundamental porque le da un trasfondo trágico ineludible y necesario… un aura de impotencia y de fracaso sin la cual el Quijote sería un mero panfleto… le da complejidad, matices, colores… le da la fuerza de la realidad porque la vida es así: contradictoria y cruel.

Reseña curricular: Máster Universitario en Estudios Avanzados de Teatro (itinerario de dramaturgia) en la Universidad Internacional de la Rioja, Licenciado en Arte Teatral en la Universidad de las Artes (ISA) de La Habana, Cuba y Técnico Superior en Imagen en el IES Príncipe Felipe de Madrid. Ha estado como actor en las obras Mafia, Pacífico, Cáscara de Nuez, Los trenes se van al purgatorio, de la Compañía de Teatro de la Universidad de Antofagasta (como actor). Su último trabajo es el protagónico en Quijote, trabajando la dramaturgia junto con el director Alberto Olguín, para el Teatro Misterix.

 

Alejandro Durán, actor

Un Sancho Andino

Este proyecto ha sido importante por diferentes aspectos. En primer lugar, es la primera obra en la que actúo desde que egresé, a finales de 2014, por tanto, mi primer trabajo como egresado de la carrera de actuación.

Es también mi práctica profesional (cosa que suena bastante ilógica considerando que el teatro es un oficio del HACER, y que en la carrera durante los cuatro años de estudio de pregrado se realizan tres montajes teatrales, teniendo el último en cuarto año carácter de egreso, con un director profesional, proceso el cual es “per sé” una práctica profesional), por la que seré evaluado y que me permitirá optar al título de actor (en este momento soy licenciado en artes con mención en actuación teatral).

En tercer lugar, ha sido un proceso en el que he podido trabajar con artistas locales de diferentes disciplinas, a quienes conocer ha sido tremendamente enriquecedor. El músico Rodrigo Madrid; la bailarina y  coreógrafa Alicia Ceballos; la bailarina Luz Domic; la bailarina y actriz Denisse Juárez; los actores Sebastián Bretón, Renzo Rocco, Daniel Contreras y Carlos González; las actrices Anita Rendic y Ornella Rocco; el director Alberto Olguín y su asistente Gabi Odgers; los técnicos Kurt Liebsch y Claudio Ortiz, todas personas destacables, que con mucha humildad han puesto más que su sudor para llevar esto adelante, y de quienes he podido aprender día a día nuevos aspectos del arte y la vida.

En su mayoría antofagastinos, con excepción de Carlos, cargan todos un amor tremendo por esta ciudad y los transmiten tiñendo su trabajo y por ende el mío. Gracias a todos ellos he podido reflexionar sobre sus problemáticas como un local más, y he aprendido a querer este lugar, tan distante en espacio y forma a mi Valdivia natal. El enriquecimiento humano es sin duda, el mayor crédito que se puede sacar de una experiencia así.

¿Por qué Sancho Panza abandona a su familia? O bien, ¿por qué decide seguir al Quijote? Podríamos jugar especulando miles de respuestas, y ciertamente, ninguna sería la correcta. Puede ser la aparición de algo nuevo para alguien que en su rutina ha perdido todo chispazo de vida. La admiración por un hombre que al parecer comprende la vida, habla cosas importantes y sabias, finalmente alguien de quien se puede aprender.

Esta admiración fue para mí un motivo del personaje. No la descubrí sino hasta que, cercano al estreno, Ornella Rocco me hizo ver, en una crítica, que Sancho admiraba al Quijote y aprendía de él. Nuestro Sancho se llama Rudecindo Yuta, nombre tomado de una lápida en un pueblo cercano a San Pedro, llamado Rio Grande. Es, al igual que el original, un personaje de origen popular, es por esto que decidimos hacerlo extranjero.

Un personaje que viene de la sierra o de la cordillera, cuya ascendencia se remonta a aquellos que hace cientos de años cultiva en la montaña, y han habitado las cercanías de Antofagasta desde tiempos inmemoriales, siendo amantes y conocedores de esta tierra. Porque el conocimiento de Sancho (y de Rudecindo Yuta) es el de la sabiduría popular. Nada entiende de grandes discursos, pero desde su ingenuidad sorprende por su alto sentido de la fidelidad, del respeto al resto y a la tierra, de la hospitalidad, y por su picardía.

El montaje fue un desafío muy interesante, extenso, con un resultado satisfactorio (resultado que a mi parecer nunca es fijo). No tengo más que agradecer a todos mis compañeros, mencionados anteriormente, por recibirme como lo hicieron y darme la posibilidad de desarrollarme junto a ellos.

 

 

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