¿Y qué pensarán los jóvenes cristianos?

Sí. Chile sigue siendo un país católico. Bastó ver a los miles de creyentes que salieron a las calles a simbolizar el inmanente paseo de Jesús hacia su crucifixión, en representaciones teatrales que dependen exclusivamente de la pasión de cientos de jóvenes que con su alegría y entusiasmo copan el trabajo comunitario de una serie de organizaciones católicas en todo el país. Sin embargo, son ellos mismos los que ven hoy a su querida Iglesia marchando en círculos, desgastada y fastidiada de tanto pisarse la sotana.

No puede ocurrírsenos otra figura luego de observar el indecoroso incidente ocurrido este domingo luego de la homilía presidida por el Arzobispo de Santiago, Ricardo Ezzati, en el que fueron los propios guardias de la Catedral Metropolitana los encargados de sacar casi a rastras, junto a Carabineros, a los familiares de cuatro comuneros que llevan más de cuarenta días sin comer -como alguna vez lo hiciera Cristo- protestando contra penas de presidio de entre 20 y 25 años.

¿Qué pensarán los jóvenes cristianos? ¿Dónde está la compasión en Semana Santa? ¿No ha sido la Iglesia mediadora numerosas veces en los conflictos del Gobierno con los Mapuche? ¿Acaso no ha sido suficientemente dañada su propia imagen?

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Mientras los personajes públicos se atacan entre sí y los medios de comunicación sólo mandan los recados, aún habemos miles de jóvenes que nos dedicamos arduamente en centros de acogida, en fundaciones, en voluntariados e instituciones de trabajo comunitario de orientación católica, como si nada pasara, firmes en nuestra convicción.

Hoy más que nunca es necesario volver a ver a esa otra institución, aquella que ya pareciera estar bajo llave de closet. No la Iglesia de Karadima ni la del cura “Tato”, ni mucho menos la Iglesia de la conquista española. Es necesario que veamos la Iglesia del padre Alberto Hurtado, de Raúl Silva Henríquez, de la Vicaría de la Solidaridad, y sobre todo, muy por sobretodo, la Iglesia de los jóvenes, esa que no cesa en la lucha permanente por hacer de Chile un país mejor, donde la compasión es acto diario. Hoy los jóvenes no pensamos; actuamos.

Por Mauricio Campillay