¿Aló, Ballenas?: Grupo de científicos indican que en un futuro los humanos podrían comunicarse con cachalotes gracias a la Inteligencia Artificial

Los especialistas se encuentra trabajando en un ambicioso proyecto que les permitiría escuchar, contextualizar y traducir la comunicación de esta especie.

Foto de Amanda Cotton / Proyecto CETI

Una novedosa noticia fue dada a conocer por un grupo de científicos internacionales, quienes indican que en un futuro los humanos podrían comunicarse con cachalotes gracias a la Inteligencia Artificial. Los profesionales se encuentran trabajando en un ambicioso proyecto que les permitiría escuchar, contextualizar y traducir la comunicación con estos animales, lo que, de ser exitoso, permitiría entablar una conversación con ellos.

La iniciativa, llamada Proyecto CETI (Iniciativa de traducción de cetáceos), quiere utilizar el poder de la inteligencia artificial para interpretar los sonidos de clic, o ‘codas’, que los cachalotes hacen para comunicarse entre sí. Entre los científicos que integran este interdisciplinario grupo se encuentra el informático israelí y experto en aprendizaje automático, Michael Brostein; la científica informática y experta en criptología, Shafi Goldwasser, y el biólogo marino, David Gruber.

¿En qué consiste la IA?

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La Inteligencia Artificial (IA) es la combinación de algoritmos planteados con el propósito de crear máquinas que presenten las mismas capacidades que el ser humano. Una tecnología que todavía nos resulta lejana y misteriosa, pero que desde hace unos años está presente en nuestro día a día a todas horas”, según Iberdrola.

Es muy común ver la IA en la detección facial de los móviles, en los asistentes virtuales de voz como Siri de Apple, Alexa de Amazon o Cortana de Microsoft y está integrada en nuestros dispositivos cotidianos a través de bots (abreviatura de robots) o aplicaciones para móvil.

Siendo una tecnología muy amplia y que cada día desarrolla más avances, por lo que existen diferentes tipos, sin embargo, los investigadores están utilizando el procesamiento del lenguaje natural o PNL, un subcampo de la inteligencia artificial centrado en el procesamiento del lenguaje humano escrito y hablado, en el que se entrenarán cuatro mil millones de codas de cachalotes.

Las codas de cachalotes

Los cachalotes son animales realmente interesantes, porque llaman la atención por muchos motivos y uno de ellos es precisamente su habilidad para comunicarse, ya que se comunican entre ellos a grandes distancias, en las profundidades marinas, de modo que no pueden verse. Eso elimina el lenguaje corporal de la ecuación, por lo que solo quedan los sonidos que emiten, llamados codas.

Estos tienen los cerebros más grandes del reino animal, con seis veces el tamaño de los seres humanos y viven en redes sociales dominadas por hembras e intercambian codas en una especie de dueto intermitente, sobre todo cuando están cerca de la superficie. Además, se dividen en clanes de cientos o miles de miembros, que se identifican mediante codas de chasquidos diferentes.

En cierto modo, los clanes hablan en dialectos diferentes. Las ballenas también se identifican a partir de patrones de chasquidos específicos, que parecen utilizar a modo de nombres. “Y aprenden sus codas de forma similar a cómo los humanos aprendemos el lenguaje, balbuceando los chasquidos cuando son jóvenes hasta que captan el repertorio de su familia”, indicó la Revista National Geographic.

Foto de Amanda Cotton / Proyecto CETI

¿Qué hará el Proyecto CETI?

El plan es que la IA correlacione cada sonido con un contexto específico, una hazaña que llevará al menos cinco años, según los investigadores. Si el equipo logra estos objetivos, el siguiente paso será desarrollar e implementar un chatbot interactivo que entable un diálogo con los cachalotes que viven en la naturaleza.

Lo que estos científicos intentan obtener, es algo similar al GPT-3, este es un modelo de inteligencia artificial que permite escribir texto a través de la capacitación con palabras recogidas de internet.

Básicamente, lo que hace es detectar los conjuntos de palabras que suelen ir juntos, de modo que aprende cómo construir frases. El entrenamiento llega a ser tan específico que ya se ha logrado escribir textos completos sin la intervención de un ser humano. Pero hay un punto clave aquí. Para poder capacitarlo se necesitaron 175.000 millones de palabras. Puede parecer mucho, pero todo está en internet”, explicó el medio Hipertextual.

Para esto, se solicitó la ayuda de Gero, fundador del Dominica Sperm Whale Project, quien lleva años realizando un seguimiento de la dinámica familiar de las ballenas y que ha identificado cientos de individuos de dos grandes clanes en la costa de Dominica. Puede reconocer a muchos solo con mirarlos, a partir de las marcas únicas de las aletas de la cola, así como también analizando el ADN de las heces y las muestras de piel de las ballenas, permitiendo identificar a abuelas, tías, hermanos y hermanas.

Además, ha mantenido registros detallados que incluyen miles de grabaciones anotadas de chasquidos que describen quién habla, a qué clan pertenece, con quién está y qué hace en ese momento.

El problema es que con las grabaciones de Gero, los científicos sólo disponen de 100.000 codas de cachalotes. Siendo, demasiado poco para poder capacitar un algoritmo de inteligencia artificial que pueda descifrar el lenguaje de las ballenas, por lo que el primer paso será intentar conseguir más grabaciones.

Mientras tanto, los investigadores ya han comenzado su trabajo desarrollando dispositivos blandos no invasivos para adherirse a las ballenas y recopilar sonidos y otros datos.

Las etiquetas serán únicas porque deben adherirse a la piel de la ballena sin causar daños y deben soportar velocidades de hasta 30 millas por hora, profundidades de hasta 6,561 pies y temperaturas tan bajas como unos pocos grados Fahrenheit.

Michael Bronstein, líder de aprendizaje automático del Proyecto CETI, comentó para Hakai Magazine: “Si descubrimos que hay una civilización entera básicamente bajo nuestras narices, tal vez resulte en algún cambio en la forma en que tratamos nuestro medio ambiente. (…) Y tal vez resulte en un mayor respeto por el mundo viviente”.