Los enigmáticos geoglifos: ¿Fenicios, marcianos o andinos?

Quiénes, cuándo y por qué se construyeron las extrañas y enormes figuras,  que se encuentran en las cercanías de la localidad de Lasana, ubicada a 40 km al noreste de la ciudad de Calama. Indescifrables códigos extraterrestres y épicos viajes transatlánticos fenicios, son sólo parte de las hilarantes fantasías que han surgido al respecto.

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En el último tiempo hemos leído  una serie de elucubraciones de todo tipo respecto de las figuras que se encuentran apostadas en las cercanías de la comunidad atacameña de Lasana. Desde que fueron obra de los Marcianos y que representarían una especie de códigos extraterrestres indescifrables para nuestra presunta modesta inteligencia como Homo sapiens sapiens; hasta que fueron construidos por la Civilización Fenicia que habría llegado hace más de 3.000 años atrás desde el lejano Medio Oriente hasta nuestro Desierto de Atacama, según publica un reportaje de El Mercurio de Calama, pese a que no hay una sola evidencia arqueológica que sostenga dicha remota posibilidad.

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Pero antes de seguir con marcianos y fenicios, hay que responder primero si son realmente geoglifos y de qué época son esas grandes figuras geométricas que aparecen en la planicie alta de Lasana.  Para ello conversamos con el Doctor en Arqueología Gonzalo Pimentel G., uno de los mayores expertos en Geoglifos y movilidad andina precolombina de nuestro país.

¿Conoce las figuras enormes en alta Lasana?

GP: “Sí las conozco y muy bien, en el año 2008 realizamos un estudio de investigación para National Geographic, investigando estas formaciones en toda la región de Antofagasta (desde  Taltal hasta Turi) y determinamos que gran parte de ellas fueron realizadas a mediados del siglo XX, al sacar áridos de forma artesanal mientras se construían caminos mineros y tuberías.”

¿Entonces, no serían Geoglifos?

GP: “Un Geoglifo se dibuja con la intención de comunicar algo, y en el caso que mencionas,  no existía la intención ni el objetivo de hacer figuras, simplemente sucedieron producto de una actividad productiva específica. En nuestro proyecto, pudimos determinar toda la secuencia del proceso, cómo lo hacían, el tipo de rastrillos que construían de madera y clavos, e incluso entrevistar a personas en Lasana que trabajaron directamente en esas extracciones. Son fáciles de identificar porque el ripio acumulado fue sacado del lugar. Si miramos las imágenes de ese tipo, veremos que están directamente relacionados con los caminos mineros de la época. Por lo tanto, no son estrictamente geoglifos en el sentido de su intencionalidad y su propósito.”

Así, mientras unos no le dan crédito alguno al ser humano, los otros salen a buscar la respuesta en civilizaciones lejanas y ajenas porque aparentemente nuestro Homo sapiens sapiens  local, no podría ser autor de esas supuestas proezas. Hasta aquí entonces, con las historias de marcianos y fenicios.

No obstante, el arqueólogo nos comenta que sí encontró otras figuras, también de grandes dimensiones y apostadas en plano, que mostraron características de ser geoglifos ya que aparecen asociadas a las antiguas rutas caravaneras prehispánicas, el material acumulado no había sido extraído del lugar, tenían intencionalidad constructiva y poseían en su interior restos de objetos prehispánicos. El caso más paradigmático se encuentra también en Lasana, correspondiente a una compleja figura abstracta de trazado ortogonal, de 300 m de largo x 80 m de ancho y que es observable en su completitud sólo desde el aire. En la interior del geoglifo registramos varios restos de objetos arqueológicos, proponiendo que se trata de un geoglifo de tiempos prehispánicos,  construido entre el 900 y 1550 DC.

 

¿Quiénes  hicieron los Geoglifos y  para qué?

La respuesta está ahí mismo, en sus alrededores, en nuestro propio desierto, no en el Medio Oriente, ni en la mirada de especialistas ufológicos o investigadores norteamericanos. Es obra y gracia del Mundo Andino Precolombino, de los ancestros locales que en su afán de domesticar el desierto, de dotarlo de contenido y cultura, de llenar con humanidad ese gran espacio yermo, nos “pintaron” las laderas de los cerros con enormes figuras como si  quisieran competir con el infinito desierto. Hechos definitivamente por humanos y para humanos. Allí está representada la visión de mundo, cosmovisión, cosmogonía e imaginarios colectivos de varios miles de años y decenas de  generaciones de andinos. Allí está parte del libro con la enigmática historia del mundo andino que intentamos develar. Sólo nos queda agradecer a esos antepasados por las maravillas que nos legaron. Y esperar que seamos nosotros la generación que supo valorar ese gran legado.

¿Qué sabemos de los Geoglifos del norte de Chile?

Los geoglifos poseen un alto valor arqueológico, artístico, paisajístico y cultural. Son muy singulares y escasos a nivel mundial. Los más conocidos son los de Nazca, declarados patrimonio de la humanidad por UNESCO, y algunos en Inglaterra y Arizona (EEUU).

Los del norte de Chile destacan por la gran cantidad de sitios y figuras que se conocen desde Arica hasta Antofagasta.  Están principalmente en las laderas de cerros y a veces en planos, hechos para ser vistos desde las antiguas rutas caravaneras precolombinas que surcaban todo el desierto.  Era un arte de caravaneros, algo así como las señales de tránsito de la época, pero con muchos más significados y propósitos que sólo marcar el camino.

En la II Región destacan los geoglifos de Chug-Chug (más de 500 figuras) y los de Quillagua. En la comuna de Calama están los de Cerro Topater y el Geoglifo de Talabre, lamentablemente bastante afectados por el paso de vehículos.

¿Qué son los Geoglifos?

Los Geoglifos son un tipo singular de Arte Rupestre que consiste en hacer grandes figuras sobre la superficie terrestre. Se dibujan sobre el suelo ya sea sacando las piedras superficiales oscuras para dejar a la vista la arena más clara (despeje), o amontonándolas (acumulación) o combinando ambas técnicas, de modo de generar el contraste que la figura necesita para distinguirse del fondo

Son muy frágiles. El medio ambiente desértico ha permitido que los geoglifos se hayan mantenido por miles de años, pero somos nosotros  los que provocamos enormes daños al pasar sobre las figuras con vehículos, motos, o al pisotearlas.

¿De qué época son?

En el norte de Chile comenzaron a hacerse geoglifos al menos hace unos 3000 años atrás, pero hace unos 1100 años eran manifestaciones muy comunes por gran parte del desierto andino.

Conócelos y Cuídalos

Geoglifos de Chug-Chug. Desde diciembre a febrero podrás conocerlos junto a guías andinos especializados y arqueólogos que estarán investigando en el sector.

Geoglifos de Topater. Aunque bastante afectado por el paso de vehículos y motos, todavía se puede observar la figura principal desde el Camino de Calama a San Pedro de Atacama (Ruta CH23, km 1).  Se requiere un plan urgente de protección y puesta en valor.

Geoglifo de Talabre. Se observa desde el camino de Chiu-Chiu a Calama (Ruta CH21, Km 8). Codelco se ha comprometido a generar un plan de protección, resguardo y valoración patrimonial del geoglifo.

Geoglifos de Quillagua. Los puedes conocer guiado por jóvenes de la comunidad. Informaciones en: contacto@fundaciondesiertoatacama.comMayor información:www.fundaciondesiertoatacama.cl