El buen amigo gigante: El Sr. Spielberg y su mundo Infantil

Con el mismo oficio de siempre, pero poco entusiasmo, esta versión puede defraudar a los niños por sus largas pausas de acción y encantar a los padres por su mensaje de buena hermandad. Pero el Sr. Spielberg, el que nos encandiló con piezas notables como ‘E.T.’, ‘Tiburón’ o ‘Encuentros cercanos del tercer tipo’ y que se dio el gusto de hacer una obra maestra con ‘La lista de Schindler’ reaparece como un buen director que –parece- ha hecho una película por encargo de Disney. Y nada más. Ni nada menos.

el_buen_amigo_gigante-04_0

El señor Steven Spielberg es un experto en manipulación de los sentimientos.

Conoce su oficio, sabe hacer cine y sabe reinventarse justo cuando todos pensaban que estaba en retirada.

Publicidad

“El buen amigo gigante’ es una prueba fehaciente de esto, donde apela a que los adultos recuperen los años de inocencia, de cuando les leían cuentos los abuelos y los gigantes y las sombras eran motivos de sustos. Porque este filme apela más a los padres que a los hijos, porque esta generación ya no se conmociona con historias tan blancas como ésta, bien filmada pero descafeinada.

Todo parte como el típico mundo infantil que tanto gusta a Spielberg (y a los estudios Disney): los niños están solos, los padres están ausentes o muertos, como ocurre acá, y la noche es la hora predilecta para que empiece la aventura desatada. Y acá esa aventura comienza con la mano del gigante que atrapa a la pequeña Sophie, la saca del orfanato y se la lleva a su mundo donde él es apenas un enano entre gigantes monstruosos y comedores de humanos.

Nuevamente está el esquema de ‘E.T.’: la niña adopta al gigante como lo hizo Elliot con el adorable extraterrestre abandonado en la Tierra. Y como en esa aventura del ser llegado del espacio, acá de nuevo y por distintas razones todos están necesitando afecto, y se ayudarán.

El protagonista de este filme se lleva a la pequeña Sophie a un valle encantado, una Tierra de Gigantes, donde él vive a duras penas con otros nueve seres aún más altos que él, los cuales se burlan de él porque es vegetariano, mientras que ellos son carnívoros y se comen a los niños que raptan de las ciudades, específicamente de los orfanatos.

El gigante adoptado por Sophie es bautizado como BAG (buen amigo gigante, en español) y destaca por un exquisito lenguaje que deforma las palabras, posee la sensibilidad de un niño y solo quiere estar tranquilo para poder cultivar vegetales.

Hasta este punto, el filme de Spielberg se muestra cansada, menos activa que antes y a diferencia de sus películas para niños realizadas antes, es discutible si de verdad los pequeños logran comprender la moraleja que se encierra en este cuento de Roald Dahl, de quien se han llevado obras como Matilda y Charlie y la fábrica de chocolate al mundo del cine.

El problema mayor de este filme es que se trata de una aventura muy dispareja en su ritmo, decae luego de una excelente secuencia inicial, queda completamente estancada en la muy extensa presentación del mundo donde habita el gigante y recupera el ritmo hacia el final que, a su vez, se nota como forzado, como si lo hubieran podado, como que le hubieran restado minutos.

Esto, que en otro director podría pasar, es un error grave para un maestro como Spielberg, que no por nada ostenta títulos como ‘Los cazadores del arca perdida’ que es una montaña rusa de vértigo y aventuras sin parar. El resultado: los espectadores más pequeños se empiezan a aburrir mientras que los grandes tratan de explicarles detalles que se les escapan. Sobra la explicación y falta la emoción.

Pero donde no hay reparos es en la actuación del galardonado Mark Rylance, quien encarna al gigante bueno con el mismo aplomo y calidad con que lo hizo en la interesante “Puente de espías”, la película anterior de Spielberg. Gracias a la notable utilización de la tecnología digital, el director Spielberg logra que la captura de movimientos de Mark Rylance sea simplemente impresionante.

En contrapartida, a la pequeña Ruby Barnhill que encarna a Sophie, le falta carisma y no convence con su papel que pudo haber sido inolvidable, como lo fueron antes muchos de los niños y niñas que poblaron el universo Spielberg.

Sin que se trate de un cuento de hadas, y para mayor gloria de lo digital ‘El buen amigo gigante’ ofrece una historia sencilla, directa, clásica a rabiar (con huérfanas y adultos simpáticos a rabiar como la reina que aparece en el relato) pero sin mayor entusiasmo. Parece que a Spielberg le faltó entusiasmo. O tal vez el hecho de unir su talento indiscutible con el mundo de la industria Disney hizo que pusiera el pie en el freno.

En todo caso, se disfruta. Sobre todo cuando es un filme distinto en una cartelera casi siempre poblada de violencia y de lugares comunes.