¿Cómo puede un privado demandar a un estado?

Ser rico, para empezar, ayuda. Paul Singer es un multimillonario a la cabeza de la empresa “Elliott Capital Management”, con sede en el paraíso tributario de las Islas Caimán. Este es un fondo especulativo financiero “buitre” que compró paquetes de deuda de mala calidad en el mundo en desarrollo, para extraer ganancias. Argentina, Ecuador otros países se niegan a pagar créditos otorgados irresponsablemente y sobre los cuales sus acreedores ya obtuvieron significativas ganancias.

Pero ser rico no es suficiente, también tenemos un juez complaciente en Ghana y otro en Estados Unidos. Con estos juicios, Singer pretende cobrar a Argentina unos 100 millones de dólares.

Para ello trató de apoderarse de la propiedad de la Embajada Argentina en París, del avión presidencial para el mantenimiento en los EE.UU., de un stand de Argentina en la Feria del Libro de Frankfurt, etc. Sin éxito. Tuvo más suerte con la Fragata Libertad, un magnífico buque de vela de las fuerzas navales argentinas, navegando a lo largo de la costa africana. Esta nave todavía está allí, sin agua ni electricidad, en manos de las autoridades portuarias.

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Otro ámbito de enfrentamiento es el poder de la información. El grupo de prensa Clarín de Argentina ha demandado al Estado, quien pretende recuperar parte de las licencias de radio-televisión repartidas por el gobierno, como en casi todas partes. El grupo Clarín, es el más ´poderoso de las comunicaciones de Argentina, controlando cerca de la mitad de las frecuencias del país, parte importante de la prensa escrita nacional y provincial y de sus insumos.

El gobierno pretende distribuir frecuencias a empresas privadas y a organizaciones sociales, con el propósito de mitigar la concentración del sector, según lo establece una ley del año 2009 que protege el acceso plural a la información.

Esta acción ha sido señalada por las elites empresariales en Chile, como “atentado a la libertad de prensa”. Es natural su preocupación porque en su país, dos grupos empresariales capturan casi la totalidad de la prensa escrita nacional y regional, incluyendo diarios, semanarios, suplementos especiales, radios asociadas y otros.

Uno de ellos, entre los más grandes de Chile, compró la cadena universitaria católica de televisión y controla lo más importante, el avisaje que generan sus empresas repartidas por diferentes sectores de la producción. En cuanto a las licencias de radio y televisión, la concentración económica disminuye, solo que se reparte con las grandes multinacionales de la comunicación. Esto explica que las noticias que llegan de Argentina nos parezca un tema lejano salvo porque había algunos marineros chilenos en el barco.