La acertada estrategia política del Partido Comunista

La palestra política nacional, una vez más, ha posicionado al Partido Comunista en la opinión pública por su reciente adhesión a la candidatura en primarias de la ex-presidenta Michelle Bachelet Jeria, producto de la resolución de la Comisión Política y el Comité Central.

Esta decisión, sin duda, ha traído un verdadero ‘terremoto’ al panorama político de nuestro país, hoy cada vez más convulsionado por el avance de los movimientos sociales, ciudadanos, por demandas justas que se levantan desde el año 2011 como año clave en el cambio de paradigma al que nos aproximamos los chilenos y el mayoritario descrédito al duopolio Alianza/Concertación quienes todas y todos señalamos como los responsables de esta crisis por la que cruza la institucionalidad y las ideas políticas amparadas bajo la herencia de Pinochet.

Ante este tremendo desafío que nos pone el ritmo de la lucha de masas en lo preciso, el Partido Comunista de Chile, atendiendo a su historia de convergencias políticas desde el centro hacia la izquierda, es que se ha propuesto ser parte de la construcción de una nueva mayoría social y política que supere a lo que fue la praxis programática nefasta de la Concertación y la Derecha, y esto ha impulsado los acercamientos progresivos que el PC ha tenido con la centro izquierda con el fin de impulsar un Programa Único de la Oposición que contenga y condense las principales demandas que hacen sentido hoy los movimientos sociales con toda su diversidad y fuerza en Chile.

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Con esta decisión del PC, hemos concitado numerosas críticas férreas contra el pragmatismo al que hoy apuesta la tienda de Guillermo Teillier, en primera instancia como un alejamiento de los principios clasistas del Partido Comunista de Luis Emilio Recabarren, un viraje a la derecha y otros vítores, esto como una arremetida de sectores de la ultraizquierda, de presidenciables que condensan a una izquierda más radical y que sienten esta decisión de los comunistas como una traición a la clase trabajadora.

Por otro lado, la Democracia Cristiana siente temor de la inclusión del PC en un pacto opositor mayoritario, pues claramente los intereses de la DC por mantener el status quo del neoliberalismo a la chilena se ven truncados con la presencia de los comunistas, al igual que su visión de gobernabilidad e institucionalidad. Y claro, por otro lado, la derecha y su natural anticomunismo de clase quienes solo, de forma vomitativa, lanzan críticas de las más absurdas y ridículas contra el comunismo chileno.

En el fondo, el Partido Comunista hoy concita numerosas visiones críticas de su accionar, desde todos los sectores, y esto no es más que el producto de su estrategia política, una acertada estrategia, por lo demás, pues la historia confirma la razón que le da a los comunistas y su visión de sociedad que tienen desde el marxismo revolucionario.

Una estrategia histórica

¿En qué se basa esta estrategia? Remontémonos unos instantes al año 1922. Este año es clave para la transición del Partido Obrero Socialista a Partido Comunista de Chile.
En el Congreso Nacional de Rancagua, el 1ro de enero de 1922, el POS de Recabarren pasa a llamarse Partido Comunista, y con esto, la total adhesión de la estructura a la III Internacional Comunista de Vladimir Lenín, con el fin de unificar la construcción del socialismo en todo el mundo recogiendo la experiencia de la Revolución Rusa de 1917 –acotada al contexto local, por supuesto.

Es en el contexto de la gran depresión económica capitalista de 1929, el surgimiento del fascismo como ideología totalitaria y el avance de las luchas obreras que el joven PC chileno determina, también desde la III Internacional, la conformación de los ‘frentes populares’ o convergencias mayoritarias en lo político, desde el centro hasta la izquierda, con el fin de hacer frente al fascismo internacional y construir gobiernos amplios y resueltos a defender la soberanía y autodeterminación nacional.

De esta forma, los comunistas junto a los radicales, socialistas y otras fuerzas de la centro-izquierda chilena conforman el Frente Popular el 6 de mayo de 1936, que con gran popularidad hizo frente al gobierno de Arturo Alessandri y llevó a La Moneda a Pedro Aguirre Cerda, de militancia radical.

La misma receta, pero con el nombre de Alianza Democrática, unificó a comunistas, radicales y demócratas en torno a la candidatura de Gabriel González Videla en 1946, siendo elegido mayoritariamente Presidente de la República.

Los comunistas trabajaron fuertemente en los primeros meses de esta coalición, destacándose por su inserción en los organismos de la clase trabajadora, lo que en el fondo precipitó su expulsión del gobierno de González Videla producto de la estrategia del PC de apoyar las luchas de la clase, como la huelga de 1947 de los mineros del carbón de El Teniente, lo que originó la persecución de los comunistas, la promulgación de la conocida ‘Ley Maldita’ que desterró a muchos comunistas destacados como Pablo Neruda.

La traición y los intereses mezquinos son los que han llevado a la derrota de la estrategia comunista, tal como se repite una vez más en la historia con la traición más horrenda que tenemos recuerdo como país: El Golpe Militar de 1973 contra la Unidad Popular, nueva alianza de centro-izquierda que llevó al ejecutivo al presidente Salvador Allende con un revolucionario programa de profundos cambios sociales, que hasta hoy muchos países del orbe utilizan como principio programático.

Por aquí pareciera que la estrategia del PC es errática, pero vemos que no es así, pues el rol de presión política que hace el Partido Comunista es innegable, por ello es que concita tanto odio, aversión y traición, pues los intereses de facto, del imperialismo internacional y hoy, el neoliberalismo, no están dentro de la política de los comunistas; muy por el contrario, sus ideas sintonizan con la clase trabajadora y el pueblo.

El rol de presión de los comunistas hacia el centro político

La historia nos muestra que el centro político no puede quedar aislado a merced de sus aliados de clase históricos, la clase explotadora. Por ello es que los comunistas postulan que presionando al centro, neutralizándolo y girando a izquierda, se asegura una correlación de fuerza política consistente -junto a la acumulación de fuerzas desde lo social que lo aportan los movimientos sociales- tendiente a fortalecer lo programático en un gobierno, hasta que las condiciones estén propicias para agilizar la lucha de clases y construir un socialismo acotado a la realidad nacional, pero de aquello estamos aún muy distantes.

Aquí es donde encuentra asiento la estrategia de los comunistas, una estrategia brillante e inteligente, que no viola los principios clasistas del partido de Recabarren, si no que asegura una inserción de ideas de avanzada en la política institucional atrapada aún en la herencia dictatorial. Esa institucionalidad que la ultraizquierda no quiere apostar, por un romanticismo con las ideas marxistas o autónomas del partidismo tradicional, pero que fríamente es una gran posibilidad para que los comunistas y los sectores populares ingresen a la institucionalidad y romperla definitivamente por dentro, después de estar varios años excluidos de participar en la política nacional.

La oportunidad de los cambios

Como podemos ver, la oportunidad de los cambios está cerca, las demandas del sector popular movilizado están cada vez más en la agenda política y en la opinión pública ¿Y esto producto de qué? No es más que la brillante y acertada estrategia de los comunistas hacia la presión, la participación incisiva y la proyección de una política de mayorías que desestabilice a la institucionalidad burguesa y conduzca a un nuevo modelo de desarrollo, tanto en lo superestructural como infraestructural, que es el fin del marco ideológico del marxismo revolucionario, el mismo marxismo que inspiró a Luis Emilio Recabarren en este mismo norte salitrero y que hoy se vislumbra, tal como ayer, en el dinamizador de la nueva sociedad que todas y todos esperamos con ansias.