¿Debemos tener Te Deum?

Hace poco nuestro país celebro el anhelado 18 de septiembre, con actividades sociales y culturales. Muchos sienten un “espíritu patriótico” que impulsa las horas de aquellos días, y al compás y ritmo del folclore más tradicional compartimos una buena comida, bebida y conversaciones.

Así mientras participaba en un almuerzo familiar, surgió la infaltable discusión sobre el Te Deum en nuestro país. Efectivamente, para muchos configura una de las mayores tradiciones que Chile tiene, y se establece como el principal escenario al momento de señalar el rol de la iglesia en los aconteceres nacionales. En ese sentido y bajo un primer razonamiento hemos de indicar que el tema sobre su procedencia no implica necesariamente criticar y negar a una determinada creencia y agrupación, por el contrario cada persona es libre de participar, organizar y encomendar su futuro y el de su patria a quien estime más conveniente, todo culto en nuestros territorio es permitido siempre que no atente contra la moral, a las buenas costumbres o el orden público, así se desprende del artículo 19 número 6 de nuestra Carta fundamental donde se plasma jurídicamente  que  Chile es un Estado laico, afirmando  así lo que data formalmente desde la Constitución de  1925 ( artículo 10 número dos), es decir, la separación de la iglesia y el Estado.

Bajo esta misma argumentación y al ver entrar a la jornada a su Excelencia el Presidente de la República, representante de todos los chilenos y chilenas, de la inmensa mayoría como algunos gusta decir, me surge la pregunta ¿Por qué si nuestro país es un Estado laico, seguimos teniendo Te Deum?. Entonces planteó la interrogante en plena conversación familiar y agrego además lo siguiente ¿Por qué al término de la actividad el Presidente de la República encomienda a todos los chilenos y chilenas a Dios?

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No es nada personal contra el Supremo, pero esa tan afable bendición a mi parecer debe quedar a la decisión personal. Justo cuando cuando continuaba con la explicación, surgen los argumentos “ no hay nada de malo en que nos encomendemos como país a Dios”, ” es una tradición”.  Yo considero que estamos en un país donde prima la libertad de culto, por ende, no puede un autoridad que representa a todos reducir su argumentación y presentar sus creencias bajo el amparo de un cargo y simple discurso post actividad religiosa, actividad que aún cuando sea una tradición, no  corresponde con una visión reconocida desde antaño  ¿Es tan malo pensar en que no debemos tener Te Deum?