Partidos No Deliberantes

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La verdad no cabe en 140 caracteres, las opiniones sí. Cada uno puede opinar lo que quiera y de lo que quiera, pues la opinión es simplemente el juicio personal que puede estar equivocado o no. Sin embargo, la verdad debe tener un sustento, un sustrato que la valide. La verdad nace del diálogo, de la construcción y aceptación articulada de opiniones que son aceptadas por todos, modificadas por todos, construidas en conjunto por todos. Por tanto no existe “mi verdad”, solo “mi opinión”.

Las sociedades se fundamentan en la capacidad del diálogo de sus ciudadanos, los acuerdos o en términos de Maturana, las “coordinaciones de coordinación de acciones” sólo son posibles mediante el uso de la palabra y la razón dialógica. Quizás por ello se explique la gran desconfianza que genera en nuestro país la estructura política que tenemos: la falta de diálogo ataca incluso a los partidos políticos que ya no deliberan, que ya no intentan argumentar sus posiciones, hoy solo lanzan arengas, slogans y opiniones, tratando de imponerlas sin importar el costo.

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¿Dónde están los partidos deliberantes? Que yo recuerde solo las fuerzas armadas no deliberan al interior de sus instituciones, pues su función no es decidir sino defender.  Pero hoy vemos partidos políticos que actúan igual que las fuerzas armadas, sus pseudo discursos y declaraciones son ciegas, tozudas. Les importa más proteger la pequeña cuota de poder que poseen a plantear  una legítima reflexión sobre su desempeño.

¿Hemos visto a partidos en declaraciones buscando soluciones a la corrupción de la política que se demuestra en casos como Penta o Caval? No, más bien los vemos criticando al paja en el ojo ajeno, pero poco respecto de la propia viga, los vemos defenderse con arengas y discursos tenues en donde la ética es lo que menos importa. ¿Hemos visto en nuestra ciudad a los partidos políticos manifestarse en contra de la contaminación? No, escuchamos sus twitter acusaciones de aprovechamiento político, los vemos defendiendo la obra del gobierno, los escuchamos preocupados de la economía del país y el riesgo a que la sometemos. Pero no, ellos no toman una postura respecto de la contaminación. Tal ausencia de juicios genera la desconfianza hacia la política que nos invade y nos daña como país, pues el ciudadano común aprecia como las estructura políticas están más preocupadas de cuidar su voto y a las grandes empresas, que de manifestarse a favor de la ciudadanía.

Los políticos no deliberan, no discuten, sus militantes ya no militan se militarizan para defender su feudo y con tal actitud, la ciudadanía solo lo ve como una casta que se aleja cada vez más de la realidad de la calle. Son vistos como los privilegiados que profitan de los dineros de todos y que poco hacen por esos mismos todos.  En tiempos de crisis institucional es un privilegio que no les durará demasiado y es una situación que finalmente los extinguirá.