Las fotos fueron muy decidoras. La Alcaldesa de Antofagasta lanzando una campaña mediante la cual se busca reemplazar las bolsas plásticas por “cambuchos” de papel de diario.

Los comentarios no se hicieron esperar y no fueron pocos quienes bromearon diciendo que se trataba de una buena forma de aumentar las alicaídas ventas de la prensa escrita local, o bien, que se le encontró al papel de diario una nueva utilidad, además de servir como encendedor de asados.

Se trata de reacciones que pueden sonar incluso crueles para una centenaria industria que ha cumplido un rol importante en la historia de nuestra región, pero no se alejan mucho de la realidad.  La tecnología avanza a pasos agigantados y tal como le pasó al telégrafo, al casete o al VHS, los diarios de papel pierden terreno frente al avance de los diarios electrónicos.

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A nivel mundial, estudios indican que actualmente la audiencia digital supera a la audiencia de los diarios de papel, creciendo un 232% durante los últimos años, de acuerdo al informe de tendencias de la prensa mundial hecho por WAN-IFRA y presentado en la última versión de Digital Media Latam.

Campaña del "cambucho" de papel de diario en Antofagasta.
Campaña del “cambucho” de papel de diario en Antofagasta.

En nuestra región, las cifras de lectoría de los medios digitales revelan que se trata de una industria en pleno crecimiento. En el caso de Diario Antofagasta, el número de lectores diarios en su plataforma pasó en los últimos años de unos cuantos cientos a superar los 10 mil lectores en un día promedio, alcanzando en algunos casos puntuales más 40 mil en función de factores tales como la viralización en redes sociales, instalándolo como el principal referente del periodismo digital regional.

Se trata de cifras bastante decidoras, considerando que el tiraje del principal diario en papel de la ciudad en los días de semana llega a los 8 mil ejemplares, sin que se transparente públicamente cuantos de estos ejemplares se venden finalmente y llegan a ser leídos por una o más personas, sin terminar convertido en encendedor de asado o en “cambucho”.

Una diferencia radical con los diarios electrónicos, que con sus estadísticas detalladas de audiencia, pueden ofrecer a quienes realizan publicidad en este tipo de medio de comunicación estadísticas fiables de las personas que vieron su anuncio. Incluso el propio anunciante puede elegir cuantas personas verán su publicidad, adaptando su presupuesto solamente a las visualizaciones o clics en su marca. Lo mismo opera en el caso de los artículos patrocinados. Nada más justo, eficiente y efectivo.

No obstante la transformación tecnológica que experimenta la forma en que los seres humanos se informan, algunas empresas y servicios públicos en la región no van necesariamente al mismo ritmo, manteniendo su tradicional modelo de desembolsar grandes sumas de dinero (a veces con cargo a los contribuyentes) para aparecer en los diarios de papel. Una estrategia que también han desarrollado algunos políticos locales, resultándoles tan cara como poco efectiva, tal como veremos en una próxima columna.

Con todo, y más allá del romanticismo que genera en algunos el aparecer en el diario de papel, como mirar una foto antigua, contar una anécdota de taxi o recordar la vieja película que se arrendaba en blockbuster, la rueda de la historia sigue avanzando decidida a favor de Netflix, Spotify, Uber y los diarios digitales.