Cuando era pequeño me encantaba dormir para poder soñar con múltiples aventuras, la decepción aparecía cuando al día siguiente no lograba recordar los sueños que había tenido y al parecer solo había dormido. Dormir sin tener sueños era una inutilidad, los sueños llenaban mi mente con nuevos desafíos, alentaban mi imaginación y por sobretodo animaban el nuevo día.

La mitología griega suele diferenciar el rol del sueño y del descanso. El dios Morfeo visita a los humanos mientras duermen y les regala sueños, entre los cuales entregaba algunos de los secretos de los dioses. Con ellos los hombres al día siguiente creaban y construían obras grandiosas. Ello duró según el mito, hasta que Zeus descubre que Morfeo revelaba los secretos de los dioses y lo castiga fulminándolo con uno de sus rayos.

Desde el relato mitológico, los sueños juegan un papel inspirador para la generación de nuevas ideas que aportan en la construcción de un futuro. Morfeo insuflaba en sueños secretos divinos y estimulaba nuevas ideas. Al parecer, hace rato Morfeo no visita nuestra región. No vemos nuevas ideas, ni nuevos proyectos. Sí somos testigos de grandes desafíos y de una carestía de respuestas innovadoras.

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Hoy la región de Antofagasta duerme, no sueña. La región se duerme ante el desafío que provocan las nuevas tecnologías y no decimos nada frente a la amenaza de la teleoperación de equipos mineros que va a provocar mayor cesantía. Hoy la región se duerme ante el cambio climático y las necesidades de prepararse para futuras emergencias, seguimos pensando que tenemos el control cuando lo seguro es que no lo tenemos. Hoy la región se duerme frente a las oportunidades  de desarrollo que tenemos con el uso de las energías renovables, discutimos, no sin razón sobre la molestia que ha generado el numerito de nuestros parlamentarios -digo nuestros, porque también los de mi coalición aprobaron una ley con letra chica-, de imponernos los famosos medidores inteligentes, aunque la discusión debiera estar centrada en el plan de acción para que los habitantes de la región accedan a paneles solares y podamos no solo consumir energía, sino que también producirla.

Para qué hablar de cómo la región se duerme ante las oportunidades de la astronomía, hidroponía, uso de agua desalada, creación de nuevas áreas de turismo de intereses especiales y muchas otras fortalezas y riquezas que desaprovechamos y que nos hacen ser observadores del desarrollo y no protagonistas.

Antofagasta comenzará a soñar cuando tengamos liderazgos que de verdad se la jueguen por la región, gente a la que sus acciones le afecten, gente que entienda no solo la importancia de los grandes temas, o como le llaman “temas país”, sino que también le afecte el exceso de ruido, el hedor de las quemas, la contaminación por metales pesados, la cesantía, las calles con “eventos” y la falta de oportunidades.

Soñar implica comprometerse, indistintamente del rol o posición que tengamos, comprometernos no solo con la idea, sino que también con las consecuencias de su aplicación y que esos resultados involucren a mi familia, vecinos y comunidad. Sacarnos la idea de que queremos un mejor futuro para otros, sino que trabajamos para nosotros, en plural, así se sueña y construye una sociedad y esa es la riqueza que se revela cuando logramos entender la diferencia entre dormir y soñar.