A propósito del Día Internacional del Medio Ambiente conmemorado hace algunos días. Si pensamos en la postal de Antofagasta, ¿Cuál es el primer paisaje que se viene a su mente de forma instantánea?, una gran mayoría pensará en el farellón y arco natural de La Portada, ¿Por qué?, porque es un símbolo de identidad para todos los antofagastinos y antofagastinas, formando parte del imaginario colectivo ciudadano.

De un total de 18 Monumentos Naturales (a la fecha) reconocidos como Áreas Silvestres Protegidas por el Estado (SNASPE) de Chile, uno corresponde al Santuario de la Naturaleza, el cual más allá de la zona protegida y gestionada por la CONAF, vemos que, la zona de los acantilados es un paisaje propio de nuestra costa y de nuestra historia, el que tiene diferentes usos, ya que es posible su acceso. Allí se realizan distintas actividades de tipo recreacional, deportivo y disfrute, tales como: baño en la playa, senderismo, picnics, entre otras.

Existe una zona conocida como: “playa cordeles”, denominada así por su dificultoso acceso construido por cordeles, para la “ayuda” y apoyo, ya sea en el descenso o ascenso. También existen otras rutas para acceder caminando a este hermoso paraje, el que se encuentra en un estado sucio y contaminado con desperdicios que dejan los visitantes y que lamentablemente no son conscientes de la importancia del buen convivir con nuestro medio ambiente.

Publicidad

Lo fundamental es reconocer los valores de este paisaje, los que son de carácter natural y ecológico por los ecosistemas de flora y fauna que allí se albergan; históricos al ser un largo proceso de erosión marina sobre la roca sedimentaria y las capas de restos fósiles de conchas; simbólico e identitario, porque el paisaje desempeña un papel relevante en el proceso de formación, consolidación y mantenimiento de las identidades territoriales, ya que son patrones de símbolos que se repiten a lo largo de historia y de la cultura.

Adicionalmente, cuenta con valor productivo, vinculado principalmente al turismo y, valores sociales, por los usos que realiza la comunidad mencionados anteriormente. Por consiguiente, este paisaje es digno de su protección en su extensión total y podría ser declarado Reserva Natural Municipal (RENAMU) con el objetivo, por un lado, de ralentizar los efectos negativos antropogénicos, es decir, de la acción humana, considerando que tiene cierta capacidad de carga la roca y la arena sedimentada, que con el transcurso del tiempo se podría generar una remoción.

Por otro lado, el desarrollo de un proyecto educativo ambiental con senderos y accesos, tanto para la sostenibilidad ecosistémica como para la preservación de los valores del paisaje y de nuestra identidad.