Se acaba el gobierno de la Nueva Mayoría y nuevamente Michele Bachelet le entrega el poder a Sebastián Piñera. Un deja-vu que generará sabrosos relatos en los libros de historia en el futuro. Por lo pronto, nuevo gobierno implica nuevas autoridades pero muchas de las problemáticas sociales sobreviven a los ciclos políticos y al parecer las soluciones siguen siendo ineficaces. Quizás el ejemplo más emblemático es la desigualdad, que desde que se mide en Chile se ha mantenido notablemente alta en comparación a otros países de la región y ni hablar de compararnos con los miembros de la OCDE.  Desde Antofagasta, región que marca el paso nacional en relación al crecimiento económico, quiero invitar a las nuevas autoridades a discutir (y ojalá resolver) algunas de estas resilientes problemáticas sociales que necesitan ser atendidas por el bien de la ciudadanía regional.

La inmigración se ha instalado como una tendencia en aumento lo cual da cuenta de una llamativa capacidad de atracción que tiene Antofagasta para poblacion laborammente activa en todo America Latina. Muchas veces, esto se ve minimizado por discursos que rozan la xenofobia e ignoran el tremendo aporte cultural, social y económico que podría resultar de la multiculturización de Antofagasta. Lo cierto es que las más importantes ciudades del mundo han experimentado importantes fenómenos migratorios como parte de su desarrollo y posterior transformación en metrópolis insertas en las redes globales ¿Qué hacemos con esta contingencia? Abrazarla totalmente o rechazarla parecieran ser opciones conflictivas. No hay más opción que gestionar la inmigración internacional para hacer de este fenómeno una virtud. Esta ha sido una estrategia ya usada en ciudades como Melbourne, Nueva York y Londres, con distintos enfoques pero mucho éxito. Sin embargo, no todos los afuerinos son extranjeros, también Antofagasta experimenta el fenómeno de la migración interna conocida como conmutación. Es decir, personas que trabajan en la región pero que viven en otra. Contrario a la canción de Los Prisioneros, aquí la pregunta es ¿Por qué no se quedan? Un desafío importante es que la región se vuelva más atractiva para asentarse y lograr que el consumo de los conmutantes no se lleve a cabo en otras latitudes. Es muy importante que la fuerza laboral que contratan las empresas (y las mismas empresas) se decidan a vivir en nuestras ciudades, pero ¿cómo?  Aquí hay que ser crudos, nuestras ciudades no son bellas ni vibrantes, más bien son duras y agrestes; manchadas por los paisajes productivos, subyugadas a la rentabilidad del suelo, atadas a un futuro incierto dependiente de la inversión y de lo que se decida en Santiago. Esto es problemático en muchas dimensiones.

Ciudades como Antofagasta cuentan con un enorme potencial paisajístico y urbano sin capitalizar. La escasez de bienes públicos -desde un paseo costero con sombras hasta la disponibilidad de áreas de servicios en los extremos norte, sur y este de la ciudad-,  resultan contradictorios en una comuna cuyo presupuesto municipal le sitúa como una de las 10 comunas que percibe más ingresos por patentes comerciales y la séptima con mayores ingresos por impuestos a nivel nacional. Lo cierto es que estos problemas no los resolverá el Creo Antofagasta por sí solo, ni todas las ONG de la ciudad; se necesitan políticas públicas óptimas, que mejoren la calidad de vida y los espacios urbanos de manera efectivamente, fomentando un sentido de pertenencia a quienes aún no se deciden por quedarse. Nuestra región es mucho más que minería, también hay -y hubo- gente viviendo aquí, sus historias no sobran y nuestro entorno material es mezquino con toda esa riqueza cultural.

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Esta es una invitación a mirar más allá del PIB y de la inversión minera, para ver que en la región que genera el sueldo de Chile escasean las áreas verdes, existe alta contaminación, los campamentos aumentaron en casi 1000% desde 2007, el costo de vida es muy alto y aún así las ciudades siguen creciendo y con esto la magnitud de sus problemas. Espero que lo público sea también una prioridad para la entrante administración. Nuestra región se lo merece después de décadas de sacrificio y abandono.