Violencia posible de erradicar

femicidio¿Qué pasaría por la cabeza de ese hombre? fue una frase que escuché varias veces una vez ocurrido un nuevo femicidio en Calama. Un hecho que enluta a la región y llena de un profundo dolor a los familiares más cercanos a la víctima, Vania Monsalve Monsalve.

Nuestra respuesta a esta pregunta como Sernam es que nadie tiene el derecho de quitar la vida de un ser humano, primero, porque las mujeres merecemos el mismo respeto que tendría un hombre en las situaciones más apremiantes; segundo, porque la violencia pasa por el cedazo de la voluntad, es decir, yo decido ser violento o no en determinadas situaciones, y tercero porque el peor verdugo de un acto de violencia es la conciencia de quien agrede. Hasta el momento no hay ser humano que crea conveniente vivir con un asesino que se halle alojado en su propio interior.

En este momento de pesar, lejos de abatirnos como sociedad, este caso debe empujarnos a trabajar con mayor claridad. Porque como Gobierno creemos en la libre determinación de los seres, es que seguiremos con un trabajo de reeducación en el Centro de Atención a Hombres. Porque tenemos un Gobierno profundamente humanista, nuestro principal llamado es a buscar mecanismos de reparación en los Centros de la Mujer, y porque somos un Gobierno comprometido con su gente, es que en casos tan extremos como éste activaremos la fuerza para controlar, retener al agresor y defender la vida de las mujeres por medio de las Casas de Acogida.

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Contamos además con la colaboración de otras entidades públicas y privadas para erradicar todo tipo de acto violento, incluido el acoso sexual en la vía pública, pero los esfuerzos se hacen poco y nada si la comunidad no se empeña en denunciar a tiempo y ofrecer caminos de franca solución a aquellas mujeres, unas tres millones en el país según cifras del Ministerio del Interior, que no se atreven a hacer patente la situación que viven.

Frenar la violencia por razones de género es aceptar también que los seres somos productos de una cultura machista que hay que cambiar. Mientras más personas reconozcamos esta condición estaremos en disposición de originar un nuevo modo de actuar y para ello contamos con herramientas que apuntan a la educación, la sensibilidad y, en algunos casos, aplicando la coersión.