Expertos advierten que Antofagasta podría sufrir un nuevo aluvión destructivo como el de 1991

Especialistas sostienen que pesar de obras de mitigación presentes en numerosas quebradas de Antofagasta, el aumento de construcciones en las piscinas aluvionales hacen que el peligro de una nueva catástrofe persista.

La ciudad de Antofagasta ha sufrido por décadas daños materiales y humanos por la ocurrencia de aluviones durante eventos de precipitaciones poco comunes para la zona. En la ciudad de Antofagasta confluyen varias condiciones que generan aluviones destructivos: clima desértico con ausencia de vegetación, el fenómeno se genera en lugares ubicados en una pendiente fuerte, existen hoyas hidrográficas de gran dimensión que capturan y dirigen aguas lluvias hacia la ciudad y, fundamentalmente, la ocurrencia de lluvias intensas.

Todas estas condiciones se generaron en la madrugada del 18 de junio de 1991, desencadenando una serie de aluviones violentos con un alto poder destructivo. Este desastre de origen natural provocó la muerte de 91 personas, 19 desaparecidos, 700 viviendas con destrucción total, 20.000 damnificados, 4.000 viviendas con daños severos, daños a la infraestructura y US$71 millones en pérdidas.

De acuerdo a Francisca Roldan, candidata a doctora de la Universidad Católica del Norte (UCN) e investigadora del Centro de Investigación para la Gestión Integrada del Riesgo de Desastres, CIGIDEN, en 1991 las intensas precipitaciones (23 a 42 mm), con una duración de 2 horas y 50 minutos, asociados a fuertes vientos, desencadenaron y provocaron la respuesta casi inmediata de las hoyas hidrográficas de la Cordillera de la Costa. “Testigos afirman que la ola del flujo supera los 2,5 a 3 metros”, comenta.

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INUNDACIÓN Y DESTRUCCIÓN

El flujo del aluvión, complementa la experta, contenía barro, pero también fragmentos de la operación de extracción de áridos, basura y escombros que rellenaban cauces de quebradas, provocando una mayor energía y poder destructivo. A juicio de la geóloga, esa madrugada muchas quebradas de la ciudad se activaron, generando flujos dañinos a su paso inundación y destrucción, tomando cursos diferentes de acuerdo a las calles y la topografía en busca de zonas más bajas e incluso llegando en algunos casos hasta el mar.

Hoy la ciudad cuenta con obras de mitigación como las piscinas de decantación en la aproximación a las desembocaduras de quebradas, sin embargo, el riesgo persiste, aseguran los expertos. Esto porque hay graves problemas de vivienda lo que ha forzado un crecimiento explosivo de los campamentos informales.

Se trata de construcciones sobre áreas de alta susceptibilidad aluvional y caídas de rocas: “Son campamentos que están dentro de quebradas susceptibles de ser actividades en casos de eventos meteorológico como el ocurrido en 1991, he incluso hemos detectado en nuestros vuelos de dron en la zona alta de Antofagasta, que existen casas construidas dentro de las piscinas aluvionales”, resaltó Francisca Roldán. Hablamos de quebradas como La Chimba, La Cadena, y La Negra, entre otras.

La falta de acceso a la vivienda en la ciudad ha llevado a la proliferación de construcciones en zonas de riesgo aluvional.

PELIGRO INMINENTE

“Quienes habitan estos lugares enfrentan un peligro inminente”, explica el académico del Departamento de Ciencias Geológicas de la UCN y subdirector de CIGIDEN, Gabriel González. Las piscinas de decantación de aluviones, agrega, están diseñadas para decantar por gravedad el material sólido que es transportado por la corriente que desciende a alta velocidad desde las quebradas y desde las laderas de los cerros aledaños a estas. “Habitar dentro de ellas contraviene todas las reglas de protección frente a flujos aluvionales y claramente desvirtúa la finalidad de estas obras”, advierte.

A juicio del doctor González, en Antofagasta el peligro de flujos aluvionales es mucho más frecuente que el peligro de terremotos destructivos, ya que tenemos una historia más frecuente de aluviones. Es un fenómeno natural de alto impacto y alta frecuencia en casi todas las ciudades costeras del norte de Chile”. “El escenario actual, complementa Francisca Roldan, hace urgente desarrollar proyectos de mapas de peligro geológico actualizados en las quebradas de la ciudad y contar con un sistema de alerta temprana de aluviones”.

Para abordar las causas y efectos del aluvión de 1991 en Antofagasta y el persistente riesgo aluvional en la ciudad, la Universidad Católica del Norte junto al Centro de Investigación para la Gestión Integrada del Riesgo de Desastre, CIGIDENrealizará el viernes 18 de junio, a las 15.00 horas, un conversatorio online llamado “30 años desde el aluvión de Antofagasta: memoria, aprendizajes y desafíos”. El evento reunirá a representantes de Sernageomin, ONEMI regional, Gobernación de Antofagasta y representantes de la academia, quienes abordarán estudios y modelaciones aluvionales en Antofagasta, obras de contención de aluviones y planes de sectorización y evacuación por aluviones, entre otras temáticas. Inscripciones aquí.