Nueva Zelanda derrotó al virus gracias al liderazgo de una Primera Ministra llamada Jacinda Ardern que hizo lo que todos le pidieron al Presidente Sebastián Piñera, pero ya no lo hizo: Cuarentena Total obligatoria para toda la población del país por cuatro semanas, cuando apenas llevaban 102 casos.

No se conformaron con simples llamados a la conciencia individual y asumir una postura paternalista, porque eso no funciona para situaciones colectivas que involucran a millones de personas y basta que uno, dos o mil fallen para que se siga propagando la enfermedad. Se requieren medidas de Estado y productivas de fondo, al más alto nivel. Así lo hizo Nueva Zelanda, que fue el país más estricto del mundo, donde se prohibió a todo el mundo salir de casa y punto.

“Estamos yendo duro y temprano”, dijo Ardern a su país. “Solo tenemos 102 casos, pero también Italia los tuvo una vez”.

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Entregaron paquetes sociales a las familias y empresas, para que nadie tuviera razones para romper el confinamiento y así permanecer estrictamente en sus hogares, contagiados o no. Se paralizó la economía, empresas, turismo. Cambiaron al Ministro de Salud en plena crisis por ser sorprendido incumpliendo las medidas. El gasto para el país fue enorme. Pero fue un sacrificio total por un mes.

Ahora, sin nuevos casos, con una población sana, ya pueden comenzar gradualmente a relajar las medidas, las familias se reúnen y comienzan a reparar su economía.

Al otro lado del Océano Pacífico sabemos que poco o nada se aprendió de los errores de otros países y de la propia historia. Todos los especialistas advirtieron desde un comienzo que la mejor medida frente a una pandemia son las cuarentenas. Lo aprendió la humanidad a punta de millones de muertos en la peste negra, durante la edad media, cuando se comprendió que el aislamiento y las cuarentenas eran mucho más efectivas que solo las higienizaciones, ya que antes creían erróneamente que la peste se asociaba a los malos olores y que bastaba con evitar el aire “envenenado”, de allí que utilizaran las famosas máscaras con forma de pico de ave.

En Chile no hubo cuarentena total obligatoria sino solamente parciales y en unos pocos sectores, mientras las autoridades entregan kits sanitarios. No hubo paquetes de ayuda para que nadie tuviera que salir de casa, sino algunos bonos y apelaciones a la conciencia que resultan impracticables para quienes tenían que salir de sus casas a trabajar con normalidad.

Los casos aumentaron, la enfermedad no está controlada, pero aún así comienzan a relajarse las medidas por presiones de los grandes grupos económicos que temen daños mayores a la economía, comprendiendo muy tarde que de nada sirvió su negativa inicial a la aplicación de medidas severas porque hubo daño económico de todas maneras, más aún en un país tan abierto y con tanta dependencia del mercado internacional como Chile.

En comparación a Nueva Zelanda que ya logró derrotar al virus, en Chile tenemos más personas enfermas, más muertes, las restricciones sociales permanecen y el daño económico puede durar más tiempo, ya sea porque la falta de liderazgo, la avaricia, la ceguera o los dogmas ideológicos impidieron que se optara tempranamente por una cuarentena total obligatoria deteniendo el país por uno o dos meses, prefiriendo confinamiento a medias y por más tiempo, un control de la enfermedad a medias y con más enfermos, una economía a medias y por más tiempo.