¿Por qué los jóvenes no lloramos a Patricio Aylwin?

Cristian Reyes Herrera. Director y Fundador de @diarioafta @diariocalama @diariotocopilla
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Preocupado se mostraba en Twitter un reconocido periodista del ‘Canal de Todos los Chilenos‘, porque los diputados jóvenes “no tuvieron ni una sola palabra para Patricio Aylwin“.

Con respeto‘, como diría el talentoso 10 de La Roja, reconociendo que no vivimos la época ni estuvimos en los zapatos de quienes sufrieron los horrores de la dictadura, vamos a tomarnos la patudez de decir algunas palabras a nombre de los diputados y hacer una ficción sobre la época.

Si la política fuera fútbol, Aylwin sería el ‘pelado‘ Acosta. Ataquemos, pero “en la medida de lo posible“. No, mejor no ataquemos, mantengamos el arco en cero. Allí se resume la razón por la que la mayor parte de los jóvenes nacidos en democracia no lo lloramos, así le moleste al señor Matías del Río. Aylwin es el ícono de ese país del con una mentalidad respetable, ‘realista‘, políticamente correcta, pero perdedora, pactadora y conciliadora. Es la mentalidad del Chile antes de Bielsa y de los millones de estudiantes en las calles pidiendo renacionalización del cobre y el derrumbe del modelo de lucro en la educación.

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Aylwin fue el DT de ese equipo ratón de la Concertación, ese que ya ni siquiera debiera tener un lugar en la banca del nuevo club. Es el símbolo de quienes no salían a la cancha a ganar, creyeron imposible el cambio y se sentaron durante 20 años a pactar con la dictadura una transición interminable. Pactaron con la misma mentalidad del Chile que nunca pudo ganar una sola copa, porque prefería perder dignamente en vez de jugar bien y ganar. 

Los jóvenes podemos respetar y recordar a Aylwin, como recordamos con cariño a Don Elías, Bam Bam y los rostros lúgubres de Pedro Carcuro y Sapito Livingstone lamentando una nueva derrota de ese equipo que no sabía ganar y se sabía predestinado a perder. Tal vez entonces no había plantel y se hacía “lo posible” con lo que se tenía. Pero nosotros queremos hacer lo que toda esa generación creyó imposible, porque sabemos que si es posible, siempre fue posible

Nuestra generación no vibra con nada más que con los triunfos. Puteamos al que no moja la camiseta, al político que se colude para mantener el modelo de privilegios de una elite. No nos basta la calculadora ni los triunfos morales, queremos ganar el partido y el campeonato. Se puede derrumbar el modelo de Pinochet hasta el último átomo, la última isapre, la última AFP, el último decreto absurdo y construir a pulso, con pressing, ‘jogo bonito‘ y participación ciudadana el país del futuro. Ese país con un Estado capaz de asegurar que la billetera, el apellido y la cuna no importan cuando se trata de salud, educación y oportunidades.

No nacimos en dictadura, no merecemos cargar con sus lastres ni sus mediocridades. No somos parte de ese Chile perdedor e impune que se rinde ante las injusticias. No es casualidad que el equipo ganador de la Copa América sea de esta generación que quiere ganarlo todo. Sabemos que se puede jugar bien, que se puede ganar una copa, se pueden ganar muchas copas, podemos ser campeones del mundo.