El Concejo Municipal de Antofagasta eligió como Alcalde Suplente de la comuna a Ignacio Pozo, quien con 25 años asume como la autoridad edilicia más joven del país en el cargo, tras la suspensión de Karen Rojo Venegas.

Es un escenario complejo en lo político como en lo social, que deberá asumir el concejal que ha mentenido el perfil más bajo, más ordenado, menos polémico y más transversal. Un joven que no ha expresado abiertamente intenciones electorales. Razones que fueron consideradas por sus colegas para escogerlo como “el hombre del consenso”, la autoridad que deberá dirigir la Municipalidad de Antofagasta.

Varios de los mejores reyes fueron jóvenes, que se encontraron a veces casi por casualidad y por sorpresa con el deber de asumir tal investidura, haciéndolo mucho mejor que otros que se prepararon para ese momento toda la vida. Pero también en otros casos, fueron vistos como los más manipulables por los cortesanos y orejeros del palacio que buscaban ser un poder en las sombras. Con su juventud, Ignacio Pozo deberá asumir el desafío de gobernar la comuna con transversalidad, optando en primer lugar por el bienestar de la comunidad y sostener la misión de mantener a raya cualquier presión política o parlamentaria, venga de donde venga.

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El municipio no debe ser un botín de guerra ni un trofeo para un sector político u otro. Tampoco la oportunidad de cobrar revanchas o pagar favores, ni menos permitir que la municipalidad se parlamentarice, como sucede en tantos municipios del país. Los desafíos para la ciudad son mucho más grandes que la pequeñez de las discusiones por aspiraciones electorales.

Gobernar por y para todos los habitantes de la ciudad haciendo suyas sus reivindicaciones sociales y no para los partidos políticos o grupos de interés. Esa debe ser la consigna para el periodo de transición en Antofagasta, que hoy enfrenta una pandemia mundial como la comuna con más casos activos en Chile y con una comunidad mayoritariamente descontenta de la gestión de las autoridades. Las cifras de desempleo son altas, mientras la desigualdad se hace palpable en cada barrio y en cada olla común que se realiza en la ciudad.

Las demandas que sostienen la amplia mayoría de los vecinos de Antofagasta en materia de salud, educación, pensiones, nueva constitución, equidad, mejores barrios, mejor democracia y más comunidad, son claras. Es allí donde deben alinearse los esfuerzos de esta naciente gestión, a la que debemos respaldar pero también fiscalizar, deseándole el mayor de los éxitos por el bien de los habitantes de Antofagasta.