La Nueva Mayoría y su responsabilidad en el ascenso de la derecha en la región

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Los resultados de las elecciones municipales desarrolladas durante este domingo sin lugar a dudas sorprendieron a muchos por el impresionante ascenso de la derecha en diferentes municipios de la región. Más allá de la alta abstención -la opción no ir a votar fue quien ganó realmente esta elección- Chile Vamos logró elegir a cinco de los nueve alcaldes de la región, mientras que otros dos alcaldes electos son cercanos también a las ideas de centro derecha. Todo ello a pesar de que ese sector político no logró concitar más del 10% del electorado real.

De acuerdo a los últimos cómputos entregados por el Servel, a nivel regional sólo un 26,26% de los pocos que acudieron a votar lo hicieron por los candidatos de Chile Vamos, revelando que la derecha mantiene su histórica votación baja en la región. ¿Qué hizo entonces que este sector político terminara eligiendo una mayor cantidad de alcaldes? Las respuestas debemos encontrarlas en la centroizquierda a nivel regional, que históricamente ha logrado el voto mayoritario en la región pero que fue incapaz de colocarse de acuerdo, generar alianzas, convocar y entusiasmar a la ciudadanía mediante un proyecto político amplio, inclusivo y que fuera capaz de ver más allá de las militancias y los cuoteos políticos.

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Por el contrario, fue el propio gobierno de la Nueva Mayoría (que logró apenas 17,26% de los votos emitidos), el que a pesar de las muy escasas posibilidades de sus propios candidatos, se encargó de intentar -inútilmente- de tumbar y competir con otras figuras de centroizquierda que se encontraban mejor posicionadas, lo cual terminó allanando el camino para que a falta de un proyecto que le represente, la ciudadanía optara por las cualidades personales y popularidad de figuras carismáticas (como es el caso de Karen Rojo o en menor medida de Daniel Adaro) o bien, que se inclinara directamente por la derecha más conservadora que supo capitalizar el descontento (que la propia Nueva Mayoría contribuyó a crear) hacia los alcaldes de turno.

Así aconteció en ciudades como Calama y Tocopilla, donde las Gobernaciones Provinciales realizaron toda clase de zancadillas políticas a la gestión, junto con auténticas campañas de desprestigio para debilitar los liderazgos de los alcaldes en ejercicio y otras figuras de centroizquierda con el fin de que los candidatos de la Nueva Mayoría lograran instalarse en las oficinas municipales, pero esta estrategia tuvo como único resultado el fracaso de sus abanderados (5% en Tocopilla, 23% en Calama), con el agravante de fragmentar el voto progresista y aumentar los índices de rechazo a figuras como Fernando San Román y Esteban Velásquez, lo que fue el gran facilitador del triunfo de Chile Vamos con Daniel Agusto en Calama y de Luis Moyano en Tocopilla, un independiente que fue parte de la Concertación en el pasado pero que hoy es visto como un aliado por las cúpulas de la derecha en la capital regional.

Otro ejemplo claro es lo acontecido en Antofagasta, donde tal como anticipó este medio, algunas encuestas en línea y un sondeo que rápidamente salió a desmentir el propio Intendente Regional, la figura de Ricardo Díaz Cortés, surgida desde un movimiento social local y respaldada por la plataforma Unidos Por Antofagasta, Revolución Democrática y Movimiento Autonomista, fue la gran revelación de las elecciones y la mejor carta de la centroizquierda para competir contra el UDI Manuel Rojas y la independiente ex RN Karen Rojo, representando un tipo de liderazgo muy similar al de Jorge Sharp, que dio el gran batatazo de las municipales en Valparaíso.

No obstante, la Nueva Mayoría desechó desde un comienzo toda oportunidad de construir una alianza amplia de centroizquierda y por el contrario, optó por desprestigiar a Díaz, menospreciar a sus adherentes y dividir sus apoyos entre las candidaturas de Andrea Merino y Jaime Araya, ambos figuras asociadas a la “vieja política” que obtuvieron un deplorable desempeño electoral con un 8% cada uno quedando en quinto y sexto lugar respectivamente. Una verdadera crónica de una muerte anunciada, que sin embargo pudo tener un final muy distinto si consideramos que los votos combinados de Díaz, Merino y Araya hubiesen alcanzado para ganar la elección y elegir un alcalde de centroizquierda por un estrecho margen de 300 votos.

Pero como la política es realidad y no ficción, los resultados son aquellos que todos conocemos. La tarea ahora para la Nueva Mayoría es clara: Dejar de ver como competidores o enemigos y ser capaces de respaldar a otras fuerzas de izquierda, o seguir sumando derrotas. Por su parte las fuerzas que se dicen progresistas de centroizquierda deben ser capaces de dialogar, dejar a un lado los sectarismos y transformarse en un medio al servicio de esa inmensa mayoría indignada con el sistema político que no acude a votar por sentirse desmoralizada y condenada a la resignación.

Solo candidaturas unitarias y de ruptura pueden convertir el pesimismo en optimismo y movilizar en torno a un proyecto político a esas amplias mayorías abusadas pero dormidas. De lo contrario serán los ciclos de rechazo a los alcaldes de turno o bien las figuras carismáticas y las cualidades personales las que sigan determinando el resultado de las elecciones.

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