Logros y desafíos a un año de la histórica revuelta social en Antofagasta y el país

El histórico plebiscito para una Nueva Constitución, además de medidas como el retiro del 10%, son algunos de los cambios que no estaban en la agenda política del país antes del 18-O, aunque restan aún muchos desafíos pendientes para los ciudadanos como son las pensiones, precios de medicamentos, salud, educación, corrupción, igualdad ante la justicia y que se asuman responsabilidades políticas y penales de quienes perpetraron, propiciaron y justificaron violaciones a los DDHH.

DCIM/101MEDIA/DJI_0096.JPG

Un año se cumple desde el inicio del denominado “estallido social” o “revuelta social” en Chile. Lo que comenzó con evasiones masivas en el Metro de Santiago realizadas por estudiantes, se convirtió en la expresión de una profunda, mayoritaria y transversal muestra de descontento en el país.

El anuncio de aumento del precio del transporte, además de expresiones burlescas de algunas autoridades que llamaron a los chilenos a levantarse más temprano para pagar menos o aprovechar una baja en el precio de las flores, fueron la gota que rebalsó el vaso para la amplia mayoría de los chilenos, que se volcaron a las calles señalando que “no son 30 pesos, sino que 30 años“, manifestando su descontento con la desigualdad en la distribución de ingresos, acceso a la justicia, corrupción, bajas pensiones y mercantilización de la salud, educación, alto precio de los fármacos y desconfianza a las instituciones, incluyendo la Constitución impuesta al país por el régimen de Augusto Pinochet.

Las protestas se extendieron en todo el país, con movilizaciones que alcanzaron ribetes históricos por su convocatoria, con millones de personas en las calles de todo Chile, cacerolazos e intervenciones públicas que centraron la atención de todo el mundo a lo que sucedía en el país.

Publicidad

Mensajes de apoyo de Roger Waters, Daddy Yankee, Luis Fonsi, Mark Hamill (Star Wars), Serj Tankian (System of a Down), Residente, Brandon Boyd (Incubus), Rubén Albarrán, entre muchas otras figuras de todo el mundo a las movilizaciones en Chile dieron cuenta de la solidaridad a nivel internacional con una protesta considerada legítima, a la vez que denunciaron los abusos y violaciones a los derechos humanos cometidas por las fuerzas policiales al servicio del Gobierno de Sebastián Piñera.

Fue precisamente el mandatario quien desde un primer momento criminalizó la protesta social, afirmando: “Estamos en guerra contra un enemigo poderoso e implacable“, declarando estado de excepción y toques de queda, que en Antofagasta se declaró desde el 20 de octubre.

La capital regional vivió su propia revuelta social, que comenzó con manifestaciones y una masiva marcha el 19 de octubre, el día siguiente a la bochornosa jornada en la cual las autoridades del Gobierno Regional participaban en una fiesta con piscinazo incluído donde estuvo el actual Intendente Edgar Blanco, el mismo día en que Sebastián Piñera comía pizza con sus nietos, hechos que acrecentaron la indignación y el descrédito de las autoridades a los ojos de los ciudadanos.

Inicialmente el Gobierno tanto a nivel nacional como regional apostó por negar las movilizaciones mayoritariamente pacíficas y enfocarse exclusivamente en focos aislados de violencia, que pudieron ser provocados por agentes infiltrados de la policía tal como se ha vuelto de conocimiento público en los últimos días.

La represión se intensificó, con el uso de gases lacrimógenos contra los manifestantes pacíficos, detenciones y a la vez falta de respuesta a saqueos que se produjeron por parte de grupos minoritarios ajenos a la protesta social, tal como denunciaron Amnistía Internacional y la CIDH, en sendos informes que el Gobierno ha negado y rechazado.

Viéndose cada vez más cuestionado y con solicitudes incluso para que se determinara una posible vacancia de su cargo por incapacidad física o mental, finalmente Sebastián Piñera fue accediendo gradualmente a algunos beneficios para la población y abriéndose a algunas reformas, como también a un cambio constitucional. Asimismo ha debido realizar varios ajustes en su gabinete.

La llegada de la pandemia por Coronavirus sirvió de salvavidas momentáneo al Gobierno y reducción de movilizaciones en las calles, pero el descontento con los privilegios de la clase política continúa latente en el grueso de la población.

Un año después, gracias a las movilizaciones sociales iniciadas ese histórico 18 de octubre, los chilenos están ad portas de un histórico plebiscito para abrir la puerta a la redacción de una nueva Constitución. También hubo otro logro importante, como fue la aprobación de un retiro de parte de los fondos previsionales en las AFP, creado por el hermano del Presidente, lo cual antes del 18 de octubre del 2019 resultaba casi impensado.

Asimismo la presión ciudadana ha permitido el avance de proyectos que dormían en el congreso, como la disminución de la dieta parlamentaria (aunque distinto al proyecto original), aunque quedan aún muchos temas pendientes de resolver, como son las pensiones dignas para los adultos mayores, precios de los medicamentos y la salud, además de sanciones a los responsables políticos y ejecutores de las violaciones a los Derechos Humanos, además de cambios en las instituciones armadas profesionalizando su actuar en materia de respeto a la dignidad de las personas y volviéndolas más transversales sin sesgos políticos, desafíos que mantienen aún a los chilenos activos y demandantes buscando que esta vez sean sus intereses y no los de grupos privilegiados los que se vean expresados en la Constitución, las leyes y el actuar de todas las instituciones públicas civiles y militares.